Visita guiada en el British Museum

Las 11.35h. Llevaba unos minutos en la sala 56 del Museo Británico de Londres, y debía ser ya la quinta vez que miraba el reloj del móvil, esperando impaciente que marcara las 11.45h. Era la hora prevista para la visita guiada que me iba a mostrar algunos de los tesoros de la Mesopotamia antigua, a través de unos pocos y maravillosos objetos que han llegado milagrosamente hasta nuestros días, y que muestra con orgullo el fabuloso museo londinense.

No importaba esperar un poco más, había tantos objetos preciosos que contemplar en las vitrinas de la sala 56 del British que hubiera podido entretenerme todo el santo día. Mi atención se fijó en algunos cascos del ejército persa del 500 dC… Ah, que no. Resulta que eran de la época del Imperio Sasánida, bastante posterior a la Persia de los reyes Dario I o Jerjes I, aquella Persia que se enfrentó a las polis griegas en batallas míticas como Salamina, Platea o Termópilas. Aún así, los cascos podrían haber sido perfectamente del 2000 aC, a tenor del estado de corrosión y decrepitud de su materia prima, el bronce. Qué lástima, el paso del tiempo.

Casco persa, Imperio Sasánida

También podía haberme entretenido admirando los detalles de decenas de tablillas de arcilla, todas de más de 4000 años de antigüedad, marcadas con lenguaje cuneiforme que describía desde simples inventarios de almacén hasta cosas tan serias como las leyes que regían a los súbditos de todo un reino o imperio. Incluso había expuesto un juego de mesa sumerio, perfectamente intacto, cuyo origen se perdía en el tiempo.

Tablilla cuneiforme de Mesopotamia

El juego de Ur

Las 11.45h, y en la sala 56 no veía a nadie que fuera a dar una charla magistral sobre aquellos artilugios de valor incalculable. Me puse a pasear arriba y abajo, mirando de reojo los nuevos objetos que llamaban mi atención, pero ya sin perder de vista la entrada de la sala, en busca de alguien con uniforme de museo.

Y entonces reparé en aquella diminuta señora, prácticamente escondida entre ocho o diez personas que se arremolinaban tímidamente a su alrededor, en silencio. La guía superaba con creces los 65 años de edad, y llevaba una vestimenta muy peculiar, muy inglesa en cuanto a que contrastaba mucho en colores y parecía del todo inapropiada para su edad: un vestido blanco con estampado floral muy alegre, una chaqueta gris que le cubría los hombros, zapatos de tacón quizá poco conjuntados, labios carmesí improbables, pelo blanco bastante desmadejado y rematado con un desenfadado floripondio. Y finalmente, cerraba el conjunto un gran dosier repleto de papeles desordenados. Se trataba del material de apoyo de un paseo por la Mesopotamia milenaria que justo iba a comenzar.

Visita guiada en el British Museum

Comienza la visita guiada gratis

En esto que la señora comenzó a explicar, con voz muy pausada y un poco apagada si tenemos en cuenta el follón que hay en el Museo Británico cualquier sábado por la mañana. Pero prestando atención, se la entendía perfectamente. Y arrancó hablándonos de Sumeria, la primera civilización conocida. Nacida hace unos 7.000 años en las orillas extremadamente fértiles –por aquel entonces– situada entre los ríos Tigris y Eufrates, allí se sedentarizó el hombre, se cree que por primera vez en la Historia.

En este paraiso fértil y de climatología tan benigna, los sumerios cultivaron la tierra, domesticaron animales y comenzaron a acumular más recursos de los que podían consumir, con lo que llegaron más vecinos, y la población se fue multiplicando. Hacía falta organización, así que se especializaron en profesiones, edificaron y así nacieron las primeras ciudades de la Historia, como Uruk o Ur. Con el excedente de recursos llegó la problemática de contabilizar las existencias, así que los sumerios inventaron la escritura. Y como ésta sociedad por muy primeriza que fuera no era muy diferente a las que le han seguido, ya existía problemas de convivencia entre sus habitantes, y alguna guerra que otra con los pueblos vecinos. Así que los sumerios pensaron y redactaron las leyes que regirían las vidas pública y privada de su sociedad.

Pero sobre todo, los sumerios comerciaron sin parar, primero con su entorno más inmediato, después recorriendo grandes distancias. Y así es como dispusieron de materia prima inexistente en la región, como el oro, el lapislázuli y tantos otros bienes preciosos que comerciaron con lo que hoy sería Egipto, Líbano, Siria, Irán, Uzbequistán, Paquistán o India. Así es como también difundieron la escritura y sus inventos a muchos otros pueblos.

Sumeria, la cuna de la civilización, que dicen.

La señora guía nos iba introduciendo la historia de la civilización humana con calma y detalle y a medida que lo hacía nos iba presentando los objetos del museo que corroboraban sus palabras. Así, vimos la evolución de la escritura cuneiforme en las tablillas de arcilla, desde los primeros pictogramas algo toscos, muy fieles a los objetos e ideas que representaban, hasta evolucionar en trazos mucho más abstractos y que permitían escribir mucha más información en el mismo espacio. La guía también nos mostró auténticas obras de arte bañadas en oro y piedras preciosas, adornos que las señoras de clase alta de Mesopotamia se colocaban en el cabello o en el cuello. Vimos un arpa de unos 4.000 años de antigüedad, fantásticamente conservada, junto a una fiel reproducción que mostraba su policromía original en todo su esplendor.

Antigua arpa de Mesopotamia, restaurada

Fuimos recorriendo la historia antigua y las vitrinas de la manera más entretenida, y la vista y los oídos se nos llenaron de narraciones y hallazgos sobre Babilonia, Persépolis, la Epopeya de Gilgamesh, el gran Zigurat de Ur o los jardines colgantes de Babilonia y su famosa Puerta de Ishtar. En todo momento nuestra guía aderezó las explicaciones con humor, como cuando nos contó algunas de las leyes más curiosas del famoso código de Hammurabi (el código de leyes más antiguo conocido), curiosas para nuestra manera de ver el mundo de hoy día, claro está. O cuando nos explicó cómo mataban el tiempo los guardianes de Persépolis: dibujando en el suelo el tablero del popular Juego de Ur, sacando unos dados de vete a saber dónde, y a jugar. Pero más curioso es cómo se ha descubierto una prueba fehaciente de esta práctica en el propio museo, después de pasar totalmente desapercibida durante 200 años, y no es que la prueba fuera pequeña precisamente. En la base de uno de los guardianes alados de Persépolis que conserva el museo, se puede apreciar el juego de Ur, claramente garabateado.

El Juego de Ur

En fin, tras 45 minutos de explicaciones, la venerable guía se despidió de nosotros tan sencillamente como se había presentado, y nosotros la correspondimos con la misma timidez con que nos habíamos acercado a ella, y un muy agradecido ‘Thank you‘.

Visitas guiadas en el British Museum

El Museo Británico de Londres no sólo ofrece la entrada gratuita –aunque acepta donaciones–. También programa diariamente toda una serie de charlas y visitas guiadas del todo gratuitas, y que merece mucho la pena seguir. El programa está anunciado en un panel del Great Court Hall, pero también lo podemos preguntar en información, o consultar antes en la web. Éste es el que había programado cuando yo visité el museo:

Tablón con los eventos del British Museum

Las charlas se inician en una sala del museo determinada, duran entre 30 y 45 minutos y siempre las llevan a cabo voluntarios del Museo Británico atraídos por alguna cultura o periodo de la Historia. Estas personas comparten una vocación sincera de comunicar su pasión cultural a los demás, cediendo amablemente unas horas de su tiempo cada semana. Las sesiones son en inglés, de todas formas no hay que ser licenciado en filología inglesa para seguirlas, así que os animamos a que al menos intentéis asistir a una de ellas en vuestra visita al Museo Británico de Londres.

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."
1 comentario
  • Increible toda la información que ofrece, además las fotos están genial. La mejor la de la tablilla, perfectamente conservada y con todos los detalles. La verdad es que el British Museum es digno de ver, ofrece muchísimos detalles de culturas y es toda una experiencia.
    Enhorabuena por el post, genial. Saludos.

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