Mi viaje a Africa: una foto, una mirada

El pasado fin de semana, mi buen amigo Eddy Lara Brito me propuso uno de los que han pasado ya a formar parte de los mayores retos de mi vida: resumir mi viaje al corazón de África Negra a partir de una foto y en un espacio de tiempo de 5 minutos. El trabajo de síntesis fue grande, pero más todavía la búsqueda de algo (una persona, un lugar, un momento) que pudiesen, de alguna forma, reflejar el primer paso del que es ya un gran, contradictorio e inolvidables viaje. Finalmente, no fue una persona, ni un lugar, ni un momento lo que consiguió llegar al auditorio abarrotado del Parador de Gredos durante la celebración del #TBMGredos. Fue algo mucho más que reunía todo lo anterior: la mirada de un niño recién nacido, clavada en mi Nikon, descubriendo por primera vez en su vida la existencia de un mundo más allá de su raza, de su religión y de sus fronteras. Era la mañana del domingo 1 de abril de 2012, la temperatura ascendía a 40 grados a la sombra, y nos habíamos mezclado en medio de los habitantes del pequeño pueblecito de Bebetjia, a 600 kilómetros de la capital de Chad, Yamena, para celebrar con ellos el Domingo de Ramos. Fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Esta es la historia que hay detrás de esa mirada.

La mirada de Africa by @enarah

Domingo de Ramos
Bebetjia, 1 abril 2012

Llegas a África y vienes con la visión occidental que es muy difícil cambiar. No te das cuenta de que aquí el tiempo se para y de que los valores más profundos del ser humano han prevalecido a pesar del paso de los años, de los siglos, de la historia. Este domingo bajamos con las dos cooperantes españolas de la Fundación El Alto en el hospital Saint Joseph de Bebetjia , Fátima y Macarena, con la médico peruana y con las Hermanas mexicanas al pueblo, a mezclarnos con la comunidad para celebrar con ellos la misa del Domingo de Ramos como si fuésemos uno mas de la parroquia. Fue una de las experiencias más bonitas que viví en África. Todo el mundo estaba feliz de tenernos entre ellos y se acercaba a saludarnos y a darnos la mano. Los niños corrian emocionados a nuestro alrededor y jugaban con nosotras, intentando centrar nuestra atención. Se preocuparon de hacernos sitio en medio de la iglesia más concurrida que he visto en toda mi vida, en la que acabamos siendo las protagonistas indiscutibles y su única preocupación era la de que nos sintiésemos como en casa. Pero el momento más impactante, sin duda, fue el de las ofrendas. Contemplar la escena de cómo la gente más miserable que has visto en tu vida, que no tiene absolutamente nada más que lo que lleva puesto, se levanta y se dirige ceremoniosamente hacia las niñas que guardan celosamente el cofre de las ofrendas para depositar en él unas monedas me dejó completamente sin aliento. Mis esquemas vitales dieron completamente un vuelco en un lapsus de tiempo que no sé calcular cuánto duró. Todo lo demás me sobró en esos momentos: las preocupaciones, el trabajo, el dinero, las mil vueltas que da la vida. De pronto me di cuenta de que las lágrimas estaban rodando por mis mejillas, y de que los niños me miraban preocupados preguntándose qué me pasaba, y yo preguntándome qué es lo que había estado pasando por mi cabeza hasta ese momento. Entonces fue cuando, cámara en mano, intenté ocultar mi emoción retratando a este bebé que miraba fascinado hacia el objetivo de mi cámara. La misa duró 4 horas, el momento toda una vida. Y el resto de las palabras, en el post de hoy, creo que sobran. Una mirada, una vez más, vale más que mil palabras.

Continúa leyendo la serie 'Viaje a Chad y Etiopía'Lalibela, en busca de la civilización perdidaMi última noche en Chad  

#africa#chad#Solidaridad

Publicado por Doris

Muchas cosas no se pueden averiguar pensando, hay que vivirlas (Michael Ende)
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