Cómo construir un iglú (y no quedarse pajarito)

Cómo construir un iglú (y no quedarse pajarito)

La alta montaña puede ser traicionera y su climatología muy cambiante, esto es algo que cualquier experto nos advertirá –y con razón– hasta la saciedad. Todo conocimiento sobre cómo evitar situaciones de riesgo es vital, así como cualquier técnica que ayude a salvaguardarnos en caso de que el frío apriete. Como por ejemplo, aprender a construir un iglú.

Voy a contaros una de las técnicas más simples para construir iglús basada en mi experiencia real de una hora de reloj y sin pasar más de cinco minutos dentro de uno de ellos, aunque sí transmitiéndoos los consejos que me proporcionó un experto montañero de la oficina de RocRoi ubicada en Grau Roig, el concurrido sector de ski de Grandvalira, durante una actividad de construcción de iglús enfocada para familias. Así que no me hago responsable de que lo que construyáis a partir de estas notas se le pueda llegar a denominar “iglú”, ni mucho menos de que paséis frío u os lastiméis durante el proceso. ¡Quedáis avisados!

Cómo construir un iglú

Lo primero de todo es ir a la actividad mínimamente equipados, esto significa llevar pantalones de esquí y abrigo y guantes impermeables, ídem de las botas (aconsejo botas de snowboard que podemos alquilar en la misma estación). También imprescindible equiparnos de una o varias palas (en la actividad de RocRoi nos las proporcionarán) con las que cavar en la nieve, y muy recomendable disponer de una superficie de plástico (como bolsas) cuyo uso comentaremos más adelante. Finalmente, una brújula no estará de más.

Una vez pertrechados, la teoría y la buena práctica dicen que debemos tomar la decisión de construir el iglú al menos dos horas antes de que lo necesitemos, y siempre antes de que anochezca. Así que si estamos paseando por la alta montaña y vemos que la situación climatológica se pone fea y estamos lejos de volver a nuestro punto de partida a tiempo, lo mejor será plantearnos guarecernos bastante antes de que se ponga el sol.

Un iglú bien construido nos proporcionará una temperatura estable de 0º en su interior, en realidad serán un par de grados más provocados por la retención de nuestro propio calor corporal. Sin ser una temperatura confortable para un habitáculo, al menos el interior del iglú evitará que nos congelemos cual Jack Nicholson a la interperie.

Una vez tomada la decisión de construirlo, lo siguiente será escoger dónde ubicaremos la entrada de nuestro iglú. Existen tres factores principales que nos ayudarán a decidir la orientación: el más importante será determinar la dirección desde la que pudiera llegarnos un alud, y decidir colocar la entrada en el lado contrario para intentar en lo posible que no se obstruya. El segundo factor a considerar es localizar el este e intentar orientar hacia él la entrada, pues cuanto antes recibamos los rayos de sol matutinos, menos frío y humedad tendremos dentro. El tercer factor sería localizar por dónde vienen las lluvias habitualmente, y orientar la entrada en sentido contrario. Idealmente, deberíamos de buscar una ubicación a nuestra entrada que cubra al menos dos de estos supuestos. Por ejemplo, en Andorra las lluvias suelen venir del norte (Francia), por lo que lo mejor sería orientar la entrada a nuestro iglú en dirección sureste.

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Tras planificar la entrada a nuestro futuro iglú, lo siguiente será remangarnos (figurativamente, que hace frío), coger la pala y ponernos manos a la obra. Pero antes, colocaremos nuestras mochilas o algún objeto de similar volumen y resistencia (pero de poco peso) que encontremos en los alrededores justo en el espacio en donde queremos plantar nuestro iglú, y lo taparemos con el plástico que comentábamos antes, de tal forma que al cubrirlo todo con nieve y practicar más adelante una entrada por la que lograr extraer plástico y mochilas, conseguiremos con ello formar una cavidad interior suficiente para meternos en el iglú y seguir trabajando el espacio interior de nuestro blanco refugio.

Dicho así, en el espacio de un párrafo, parece rápido y sencillo, pero os aseguro que hay mucho curro por delante. Así que, prestos y veloces, cogeremos la pala y cubriremos el bulto cubierto de plástico con abundante nieve, y en función del tamaño del iglú y del espacio interior que queramos disponer tendremos que poner mucha, mucha nieve. Del orden de una intensa hora de echar palazos y palazos de nieve, si queremos un espacio para dos adultos. En nuestro caso, que realizamos la actividad con niños y no queríamos cansarles/aburrirles demasiado, trabajamos un habitáculo para que pudiera resguardarse un niño pequeño, como podéis apreciar en las fotos.

Trabajando el iglú en equipo

Una vez cubierto de nieve, lo siguiente será compactar ésta a base de darle golpes con la pala: debemos aplanarla para dejarla lo más sólida y dura posible, y evitar que haya ningún resquicio tanto ahora como cuando trabajemos en el interior del iglú. Después comenzaremos a abrir un agujero en la base y por la zona en que decidimos previamente que queríamos la entrada, primero del tamaño de una cabeza para después ir ampliando: la idea es abrir una vía hacia el interior del iglú, liberar de nieve las mochilas o los objetos que hayamos colocado, dejarlos caer por su propio peso y retirarlos junto con el plástico, y así disponer de una cavidad suficiente en la que maniobrar para seguir agrandando el interior de nuestro iglú.

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Así dicho también suena fácil, pero la verdad es que de nuevo estamos ante un proceso laborioso de ir retirando nieve y abriéndonos camino hacia el interior del iglú: es ideal para personas tenaces, sobre todo cuando la nieve está más bien dura como fue en nuestro caso. Pero si la noche acecha y tenemos que acabar el iglú, hay que tumbarse y avanzar con determinación, meterse hasta adentro con la pala o lo que sea –menos con las uñas–, cavar y raspar las paredes para poder pasar más y más adentro, sacudirnos la nieve de boca y ojos y perseverar, y así hasta que liberemos los objetos que hemos depositado dentro y podamos retirarlo todo del interior del iglú y comenzar a agrandar y pulir sus paredes para evitar goteos de agua molestos –que de todas formas, los vamos a tener–.

El interior de nuestro iglú para niños
El interior de nuestro iglú para niños
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En fin, todo un trabajo de chinos pero también un trabajo en equipo muy instructivo y más divertido si cabe, sobre todo yendo con niños pequeños que ya os adelantamos que se implicarán al máximo y se lo pasarán pipa. ¿Y qué decir de cuando hayamos acabado nuestra pequeña obra de arte? Os garantizamos que la satisfacción será tremenda, y aprenderemos que la vida en la montaña puede ser algo menos dura con recursos y planificación.

Si queréis pasar unos días de nieve en Andorra, os recomendamos el hotel de 4 estrellas donde nos alojamos, el Hotel Piolets Park & Spa. Aparte de ofrecer un montón de servicios y actividades enfocados a disfrutar de la nieve (entre ellos los de RocRoi, que se pueden reservar en el mismo hotel), Piolets Park & Spa dispone de sala de juegos infantil con monitores, así como de una completa zona de spa & wellness pensada para pequeños y adultos.

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."
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