A bordo del Pacific Surfliner por la costa sur de California

Mi aventura americana de este verano se podría resumir a grandes rasgos en mi viaje desde San Diego hasta Los Angeles a bordo del Pacific Surfliner, uno de los recorridos en tren más panorámicos de la costa pacífica. Me encantan los trenes. Ya lo he comentado con algunos de mis amigos en más de una ocasión, y cada vez que me vuelvo a montar en uno me convenzo de esta afirmación. Me habían recomendado esta ruta antes de viajar este verano a EEUU, especialmente porque tenía unas inolvidables vistas escénicas de la cosa sur de California y de la puesta de sol sobre el océano Pacífico y porque, además, tenía buenos amigos en Los Angeles a los que hacía años que no veía y decidí hacerles una visita improvisada antes de partir de nuevo rumbo a España. Lo que no me esperaba fue encontrarme dentro del tren, nada más elegir el último asiento que quedaba libre junto a la ventana en el piso de arriba del vagón turista, con una reunión entre lo más auténtico del continente americano: Texas, California y Silicon Valley relatándome, durante tres divertidas e inolvidables horas de trayecto, su particular modus vivendi del American way of life.

A bordo del Pacific Surfliner en San Diego @California

De Texas a las playas del sur de California

No podíamos habernos reunido allí, sin planificarlo, gente más diferente y a la vez más apasionada por los viajes en solitario y sin guión, ávidos por descubrir nuevas aventuras en su camino. Alice, sentada frente a mí nada más subir al tren, fue la que inició la conversación, preguntándome si viajaba sola y qué era lo que me traía por California. Era su primer viaje en solitario y estaba emocionada con esta nueva aventura en su vida, ya en la puerta de los 50. Cuando supo que yo era española, me contó, entusiasmada y cambiando de idioma al español, que su padre era mexicano, de Chihuahua, y de hecho hablaba un spanglish con muy poco acento latino, algo que no suele ser lo habitual por estos lares. No trabajaba y nunca había salido de Estados Unidos, pero durante los últimos años había decidido abandonar su estado natal, Texas, para descubrir el Wild Wild West, acercándose hasta Los Angeles y San Diego para conocer un nuevo mundo. “Me encanta California, creo que podría ser mi siguiente lugar de residencia”, me comentó mientras miraba nostálgica las aguas y el oleaje de las interminables playas de los alrededores de San Diego, salpicadas por los surfistas y por sus tablas. “Es el mejor clima que tenemos en todo el país”, continuó, contándome que huía de los más de 103ºF en Dallas, ¡casi como Madrid en agosto!

Imagen de una de las playas en la ruta @California

Del Mar, surf y equitación en la costa del Pacífico

Billy se montó en nuestro vagón una parada después. El conductor había avisado por megafonía que en la próxima parada se subiría bastante gente que venía de participar en unas famosas carreras de caballos, y que por favor retirásemos todas nuestras cosas de los asientos que no nos correspondiesen. Y efectivamente, llegamos a Del Mar, un pueblecido encantador de la costa de SoCal (South California), famoso por ser sus playas uno de los paraísos de los grandes surfers en todo el mundo (“where the turf meets the surf”) y por sus carreras de caballos y la equitación. Nuestro vagón se llenó al completo. Billy tardó poco en presentarse, al darse cuenta de lo animada que estaba nuestra conversación, y pensar en las casi tres horas de trayecto que nos quedaban por delante. Nos contó que montaba a caballo desde los doce años y que se había mudado a California desde Brooklyn porque trabajaba como broker en la bolsa neoyorquina pero su negocio y su pasión tenía más que ver con la ingeniería naval. Sorprendentemente, nos confesó que nunca había probado suerte con el surf, a pesar de encontrarse en una de sus capitales mundiales por excelencia. Nos dijo que iba a Los Angeles a una cita para visitar a su psicoterapeuta.

Paseando durante la puesta de sol en el Pacífico @California

La tecnología punta de Silicon Valley frente a la magia de Disney

Nuestra cuarta compañera de viaje, Cynthia, se subió un par de paradas más tarde, y se presentó en cuanto nos oyó hablar del último iPad2, mostrándonos el suyo y confirmándonos que aún era necesario que Apple mejorase bastantes cosas. “¡Todavía no me aclaro con la cámara!”, se lamentaba. Cynthia era originaria de NoCal (North California) y desde muy pequeña se había mudado con su familia a Silicon Valley, donde su padre era uno de sus famosos ingenieros de Palo Alto. “Dicen que el iPhone5 saldrá ahora en septiembre, pero siempre lo anuncian por sorpresa sin dar demasiadas pistas, ¡y además siempre se retrasa!”. Cynthia nos contó que Sillicon Valley era para ella más bien un lugar aburrido, donde sólo se vive para trabajar y de donde salen todas las tecnologías punta del mundo entero y por ello, tras obtener su diploma en industria audiovisual, se había mudado a California, más concretamente a Anaheim, un pueblecito a escasos kilómetros de Los Angeles, cuna de Disneyland y paraíso de la fábrica de sueños Disney, en donde su novio era operario desde hacía varios años. “Todo es magia allí, es una ciudad hecha de ilusiones”.

Zona militar en una de las playas californianas @California

Billy se levantó para ir hacia la cafetería del tren y nos invitó a todos a cerveza AleSmith, contándonos que era una marca originaria de San Diego considerada como una de las mejores cervezas de California. El viaje fue tan divertido como inesperado (¿será por eso que me gustan los trenes?), un auténtico intercambio de impresiones y realidades, de sueños y de ilusiones. Se interesaron mucho por España, en donde nunca habían estado ninguno de ellos, y les conté que, aunque pasábamos por una situación económica, todavía seguíamos con el ánimo bien alto, algo que nos caracteriza a nivel internacional a todos los españoles. 🙂

Los Angeles, fin de trayecto y llegada a la ciudad de las estrellas

Y por fin llegamos a Los Angeles, a la impresionante y moderna estación de Union Station en downtown, que me trajo recuerdos de mi primera incursión a Nueva York en tren, aterrizando en la mítica Central Station cuando tenía menos de 18 años y el mundo me parecía una enorme caja de sorpresas por descubrir. Mi amiga Rachel, a la que hacía más de 8 años que no veía, me esperaba al otro lado del andén. Nos dimos un fuerte abrazo nada más vernos, de esos que te hacen recuperar los años perdidos con tan solo un estrechamiento del cuerpo. Indescriptible sensación aquel momento de reencuentro. Rachel se había mudado a LA a probar suerte como actriz y como cantante, y la verdad es que no le estaba yendo nada mal. Su marido era guionista en Hollywood y vivían en las colinas de Studio City, a unas 20 millas de la ciudad. De allí nos fuimos a recoger a Ibo, un gran amigo de Puerto Rico, que trabaja en la industria musical y que además de mezclar a los artistas españoles y latinos más conocidos del momento, es bajo del grupo 8MM y componen bandas sonoras para series como Gossip Girl y Dr House.

Vista del atardecer desde el Pacific Surfliner @California

Nos fuimos a cenar al Pete’s Cafe en downtown LA, que estaba muy animado, no como lo recordaba la última vez hace ya más de 10 años. Quizá sea la edad, probablemente, pero esta vez me gustó mucho más, sobre todo poder disfrutarlo en compañía de grandísimos amigosa los que hacía tanto tiempo que no veía. Ibo nos presentó también a su compañero de piso, que se dedica a comprar y vender quesos en EEUU y nos contó que Vermont es con diferencia el estado donde mejores quesos ha probado (de todo tipo, suaves y fuertes) de todo el país.

Y este es un pequeño primer resumen de mi aventura en California este verano. Faltan San Francisco, San Diego y la legendaria ruta 1, que iré relatando durante los próximos días. But this is a bit of America, and this is the way we live it in California! Hope you like it folks! 🙂

Inscripción en un banco de la Isla de Coronado @California

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#California#Los-Angeles

Publicado por Doris

Muchas cosas no se pueden averiguar pensando, hay que vivirlas (Michael Ende)

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