La construcción de Santa Sofía (parte 1)

Quedan en pie muy pocos edificios de la Antigüedad que sigan despertando tanto asombro y admiración como Santa Sofía, la joya más brillante de la antigua Constantinopla y del Imperio Bizantino que la ideó, y ahora orgullo de la Turquía contemporánea. Construida hace mil quinientos años, Santa Sofía (Hagia Sophia) supuso un hito mundial a varios niveles: arquitectónico, artístico, religioso, simbólico y por supuesto político, y surgió de las cenizas de uno de los desastres humanos más trágicos de la época.

No hubo una catedral más espléndida sobre la faz de la Tierra durante los siguientes mil años, y pese a que su estrella se fue apagando paulatinamente, aún hoy deslumbra. Podemos visitar Santa Sofía en Estambul y extasiarnos ante su imponente estampa y dimensiones, la decoración, la iluminación y la acústica de su interior, pero seguramente disfrutaremos mucho más de la visita si conocemos algo de su historia. Solamente la parte que se refiere a su construcción ya es en sí apasionante…

En esta primera entrada trataremos de las fuerzas y circunstancias que llevaron a la construcción de Santa Sofía.

Santa Sofia sigue siendo la joya de Estambul
Santa Sofia sigue siendo la joya de Estambul.

Justiniano, un emperador visionario y ambicioso

Justiniano es conocido en la Historia como “el último emperador romano”, pero sobre todo se le recuerda por ser el emperador bizantino que mandó construir Santa Sofía, y no se puede entender el magnífico edificio sin descubrir algunas pinceladas de la vida de su creador. Justiniano llegó al poder en 527 como un hombre culto de 40 años, convertido antes en César (heredero) por el anterior emperador, su tío. Cabe decir que en esa época la capital del Imperio Romano y por ende de Occidente no era la cuna del mestizaje y la fusión de culturas que es hoy día, sino que su población tenía profundas raíces helénicas y latinas.

Justiniano fue un hombre a todas luces brillante y visionario, de gran inteligencia y objetivos muy ambiciosos; un líder que siempre pensó en grande, y que en su lado oscuro tuvo defectos como el ser un gran derrochador, de carácter inseguro y siempre celoso del talento y el éxito de su mano derecha y legendario general del imperio bizantino, Flavio Belisario, otro titán de la época y el militar más brillante de toda la historia del Imperio Romano –que se dice pronto–. Los celos de Justiniano impidieron en última instancia que unidos volvieran a restaurar el Imperio Romano en territorio y esplendor; aún así, juntos fueron los colosos de toda una época, un equipo formidable cuyos resultados nunca llegaron a ser igualados en los siguientes 900 años de la historia de Bizancio.

Mosaico de Justiniano en Santa Sofia
Mosaico de Justiniano en Santa Sofia. Fuente Wikipedia.

Los primeros años del reinado de Justiniano estuvieron marcados por una refundación de las leyes del imperio y por una mejora sustancial de la maquinaria recaudatoria de impuestos, que por primera vez en mucho tiempo consiguió ingresar con eficiencia los impuestos de ricos y pobres. Estas dos facetas reformadoras, llevadas a cabo por varios colaboradores con increíble eficacia, se vieron oscurecidas porque al mismo tiempo dichos funcionarios fueron profundamente corruptos, y sus reformas radicales aunadas a su falta de ejemplo en el cumplimiento de las mismas provocaron un gran malestar en toda la sociedad bizantina. Este malestar, torpemente gestionado por Justiniano –más preocupado por emular a Alejandro Magno preparando la enésima guerra contra Persia–, fue creciendo imparable y se vio agravado hasta tal punto que condujo a una revuelta popular en Constantinopla.

¡Niká!

La chispa de ignición de la revuelta se produjo en el Hipódromo de Constantinopla durante una competición entre los Verdes y los Azules, dos facciones deportivas rivales. Justiniano fue increpado por 30.000 almas al entrar a su palco: gritaban ¡Niká! ¡Niká!, que significaba victoria, y los allí presentes pidieron la cabeza del emperador, así que Justiniano tuvo que salir precipitadamente del hipódromo ante el cariz de revuelta popular en que rápidamente había derivado la situación.

La revuelta se extendió a las calles de la capital de manera virulenta, y un tercio de Constantinopla fue incendiada. Muchos edificios emblemáticos ardieron pasto de las llamas, y entre ellos se encontraban las dos principales iglesias de la ciudad: Santa Irene y Santa Sofía. Justiniano, a punto de huir de la capital, fue detenido en el último suspiro por la elocuente arenga de su esposa Teodora, quien le dijo, en un famoso y trascendental discurso, que ‘es mil veces mejor morir aquí y ahora, como Emperador de Roma, que vivir otros cincuenta años como un simple refugiado‘. Justiniano asintió avergonzado, y fue entonces cuando cayó en la cuenta de que tenía a sus tres principales generales acuartelados con sus respectivos ejércitos en la ciudad, así que decidió movilizarlos y aplastar la revuelta.

Hipódromo de Estambul
Hipódromo de Constantinopla.
Hipódromo de Estambul
Recreación del Hipódromo de Constantinopla. Al lado, el palacio imperial.

La resolución del conflicto no pudo ser más contundente y sangrienta: los ejércitos de Belisario y los otros generales se combinaron para bloquear los accesos al Hipódromo, donde todavía había alrededor de 30.000 ciudadanos reclamando un cambio de poder. Y con una extraordinaria eficacia y sangre fría, los militares masacraron a todos los ciudadanos, sin distinción de sexo ni edad. Nadie salió vivo del Hipódromo en aquel terrible día que conoció uno de los asesinatos masivos más dramáticos de la Historia.

Una nueva y grandiosa Constantinopla

Constantinopla quedó aturdida durante semanas tras la terrible matanza, y el poder del emperador fue inmediatamente restaurado para permanecer ya totalmente indiscutido. Fue en ese momento que Justiniano, práctico y diligente como pocos, vio en el desastre –muchos barrios de la ciudad habían sido arrasados por completo– su gran oportunidad para lanzar un sorprendente y ambicioso plan arquitectónico que cambiaría para siempre la faz de la capital del Imperio Romano de Oriente, y la convertiría a partir de entonces en una de las maravillas de la civilización, una ciudad suntuosa y de arquitectura ejemplar que despertaría la admiración y el asombro en los embajadores y visitantes de otros reinos de Occidente por los siglos de los siglos.

Santa Sofia idealizada, sin minaretes y con la cúpula restaurada
Santa Sofia idealizada, sin minaretes y con la cúpula restaurada. Fuente Newbyzantines.net

El plan de obras era extremadamente ambicioso y no había tiempo que perder, así que Justiniano se sirvió de los arquitectos de más talento de su tiempo y comenzó a ejecutar su masivo plan de construcciones. Y el último emperador romano se reservó la guinda para el final, con la construcción de un edificio que brillaría con luz propia durante miles años y que maravillaría –lo sigue haciendo– a todo aquel que lo contemplara, y daría una idea de la magnificencia y poderío que llegó a atesorar el Imperio Romano de Oriente en la figura de su más grande emperador, Justiniano.

Ese templo fue llamado Santa Sofia.

En una siguiente entrada la segunda parte, continuamos hablando de la construcción de la iglesia más magnífica y emblemática jamás construida, y casa magna del cristianismo por más de mil años: Santa Sofía.

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Continúa leyendo la serie 'Santa Sofia de Estambul'La construcción de Santa Sofía (parte 2)  

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."
4 comentarios
  • Hoy me habéis tocado el alma… Santa Sofia para mí es mucho. Fue mi primer sueño y mi primer viaje. Mucha gente se vuelve loca con la Mezquita azul que está justo enfrente, pero es Santa Sofia la más bella de las construcciones en Estambul.

    Magnífico post, de verdad. Me he visto dentro de esa película de la Historia.

    Escritos como este son la demostración de que hay blogs con calidad superior a la de muchos medios tradicionales.

    Un abrazo desde Nueva York

    Sele

  • Para mí, es una lástima que desde las calles de Estambul sea tan difícil de ver. Tienes que marcharte para divisarla y entender sus dimensiones, ya sea desde el puente/torre de Galatea o desde el palacio Topkapi!

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