A los mandos de una nave espacial Soyuz

A los mandos de una nave espacial Soyuz

Pocas cosas llaman más la atención de los niños que las naves espaciales. Acostumbrados a verlas desde muy pequeños en películas, en series infantiles y en los cómics, también suelen formar parte de sus juguetes favoritos desde temprana edad. Gracias a ellas, los niños de medio mundo han —hemos— viajado al espacio desde bien pequeños con la imaginación: en misión espacial a la Luna, librando mil y una batallas con naves extraterrestres o rebeldes al imperio, o bien explorando planetas del Sistema Solar y más allá.

Así que imaginaros por un momento lo que puede pasar por la cabeza de nuestros pequeños si les ponemos a los mandos de una nave espacial de verdad

Nave espacial Soyuz en la Cité de l'Espace
Nave espacial Soyuz en la Cité de l’Espace

La nave espacial Soyuz

Las naves espaciales Soyuz son sin duda uno de los grandes hitos de la carrera del hombre por conquistar el Espacio. Concebidas en la Unión Soviética en 1961, los diferentes modelos de naves Soyuz han enviado al espacio materiales y seres humanos (¡más de 200 misiones y más de 100 tripulantes!) ininterrumpidamente durante los últimos 40 años. Su diseño se ha convertido en un estándar a seguir desde que su creador, Sergei Pavlovich Korolev, concibiera una nave espacial versátil dividida en 3 módulos: el orbital, el de descenso y el de instrumentación y propulsión, una modularidad que simplificaba su construcción, aumentaba su longevidad pero que sobre todo le confería infinitas posibilidades.

Nave espacial Soyuz
Nave espacial Soyuz

Ya desde sus inicios las naves Soyuz podían transportar al espacio exterior hasta 3 tripulantes en 9 metros habitables, por 6 metros para la misma cantidad de astronautas de las Apolo estadounidenses. Pero sobre todo, su inteligente diseño modular hizo que se pudieran utilizar para misiones a la luna, taxis espaciales, misiones de rescate e incluso como interceptores de satélites con metralletas acopladas. Las Soyuz han llevado y recogido tripulantes a la Estación Espacial Mir y lo siguen haciendo hoy día para la Estación Espacial Internacional, de hecho los estadounidenses las tienen que alquilar a los rusos porque ellos no disponen de naves equivalentes. También han trasladado a los primeros turistas del Espacio —pero cada billete cuesta la friolera de 20 millones de dólares—, así que todo parece indicar que hay naves Soyuz para rato.

A los mandos de una cápsula Soyuz

Para colocarse a los mandos de una cápsula de descenso Soyuz no hace falta ser multimillonario; tan sólo hay que acercarse hasta la Cité de l’Espace, un fabuloso parque temático dedicado al espacio y situado muy cerca de Toulouse, donde podremos ver todo tipo de objetos espaciales y visitar una estación espacial Mir original.

La Cité de l’Espace conserva varios modelos (reales) de esta mítica nave espacial rusa, y la cápsula de descenso de una de ellas está abierto al público: sólo tenemos que esperar nuestro turno en una pequeña cola de acceso, descalzarnos en la entrada y acto seguido podremos sentarnos en el habitáculo de navegación de una Soyuz durante unos minutos. Subiremos de dos en dos (no hay límite de edad para niños), puesto que aunque una Soyuz dispone de tres plazas para la tripulación, veremos que una de ellas está permanentemente ocupada por un muñeco astronauta, eso sí vestido como un auténtico tripulante.

Interior de una Soyuz

Más que sentarnos, nos habremos de colocar como podamos en una especie de bañeras individuales, que para un adulto de estatura media supone ir encogido de rodillas. Para los niños será más fácil, no obstante conviene explicarles que una misión espacial de traslado a la estación espacial Mir duraba 48h durante las cuales los tripulantes no se podían mover de su posición, y que la temperatura se situaba a 30º C de manera constante, aunque en la maniobra de aterrizaje se podían alcanzar cifras superiores. Era y continua siendo un viaje de gran riesgo, sólo al alcance de astronautas muy experimentados. En los últimos modelos de Soyuz el progreso tecnológico ha propiciado que el viaje no supere las 6 horas, por lo demás el espacio es igual de reducido y el riesgo no menos alto. Por todo ello, no es de extrañar que los entrenamientos para llegar a ser astronauta ¡sean más psicológicos y de resistencia mental que físicos!

Mandos de una cápsula de mando Soyuz
Mandos de una cápsula de descenso Soyuz

Llaman poderosamente la atención los paneles de mando con decenas de válvulas y botones, la mayoría etiquetados con palabras en alfabeto ruso. A los adultos nos traerán recuerdos de los ordenadores y los objetos tecnológicos anacrónicos de nuestra infancia, a los niños de ahora, acostumbrados a tablets y pantallas planas de millones de colores, les parecerá todo marciano y más fascinante si cabe. Además, en la cápsula de mando de la Soyuz de la Cité de l’Espace podemos ver fotos y postales de las familias de los pilotos rusos, incluso hay un osito de peluche colgando del techo del que desconocemos si habrá volado al espacio exterior. En cualquier caso será una buena excusa para preguntar al personal de la Ciudad del Espacio, y averiguar más de la vida en una Soyuz.

Interior de una Soyuz

La gran experiencia de ponerse a los mandos de una Soyuz

También podemos explicarles a nuestros hijos —quizás antes de subir a la Soyuz, ya que dentro no nos prestarán demasiada atención— que estas naves espaciales siempre aterrizan en suelo firme y tras desplegar un paracaídas, al contrario de otras naves que lo hacen en los océanos. Las Soyuz efectúan unas delicadas maniobras de entrada en la órbita terrestre y se ayudan de unos pequeños cohetes para conseguir una trayectoria óptima, la clave está en hacerlo en el momento justo para no entrar en la atmósfera a demasiada velocidad. Precisamente ésto fue lo que le sucedió al primer astronauta soviético que voló al espacio en una Soyuz, la cuál sufrió varios problemas de funcionamiento durante el viaje y acabó descendiendo a demasiada velocidad, chocando contra el suelo terrestre a más de 500km/h y matando a su tripulante de manera fulminante.

A pesar de todo, conviene decir a nuestros niños que, tras más de 200 misiones exitosas, las naves espaciales Soyuz son el sistema más fiable de viajar al espacio y que por eso siguen volando desde hace 40 años, también en la actualidad. De su diseño robusto, simple, práctico e imperecedero podría decirse que son las Contax o las Leica de las naves espaciales, y ver una Soyuz de 3 módulos completa instalada en la zona al aire libre de la Cité de l’Espace pero sobre todo subir a la cápsula de mando de una de ellas será una experiencia imborrable que llevarnos de la Cité de l’Espace junto a nuestros hijos.

Más información: www.turismo-toulouse.es

Viajamos de Barcelona a Toulouse en uno de los trenes de alta velocidad Elipsos, gracias a una cooperación entre las compañías Renfe y SNCF que conecta las principales ciudades españolas con el sur de Francia. El trayecto entre Barcelona y Toulouse es de tan solo 3h y 8 minutos, después bastan 15 minutos en coche o taxi para llegar a la Cité de l’Espace. Nos alojamos en el Hotel Mercure Toulouse Saint Georges de Toulouse, en una habitación doble perfectamente adaptada para ir con niños pequeños.

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."
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