Museo Paul Dupuy de Toulouse

Museo Paul Dupuy de Toulouse

En mi reciente visita a Toulouse, quizá mi ciudad preferida de Francia junto con Arles, descubrí el Museo Paul Dupuy en el contexto de la novena edición del MAP, el festival de fotografía tolosano que se celebra cada año en junio. Y es en lugares recogidos y silenciosos como este, en donde se exponen proyectos fotográficos tan diferentes entre sí, que uno se olvida de todo y siente ese contraste de confrontar imágenes, percepciones y sensaciones, y finalmente sale de nuevo a la calle con algo más de lo que entró en primer lugar.

Esta riqueza adquirida en mi caso parte de la suma de tres exposiciones fotográficas que tuvieron lugar en el Museo Paul Dupuy hasta finales de junio: un monográfico sobre la Fotografías de familia a lo largo de la historia, y tema principal de esta edición del MAP; otra exposición, Théo & Maud à nu que es un fascinante roadtrip de descubrimiento y juventud por Estados Unidos, y la tercera en discordia, titulada Les blousons noirs, trata sobre la banda parisina de los Chaquetas Negras, un grupo de moteros violentos y oscuros que atemorizaron el París de los años 70 con sus fechorías y su estética neonazi. Las temáticas no podían ser más diferentes entre sí, y sin embargo –y esta es una labor importante de los museos– la experiencia de presentar las exposiciones en un mismo espacio y de manera secuencial es potente y en conjunto añade una nueva dimensión a la percepción de las relaciones humanas.

Fotografías de familia

La visita a las exposiciones temporales del Musée Paul Dupuy nos adentra en las estancias del antiguo palacete Besson y nos lleva de la planta inferior a las superiores, y en la primera se podían contemplar multitud de fotografías de albumes familiares de finales del siglo XIX en adelante. En aquella época se realizaban muy pocas fotografías y se consideraban por ello como algo único y precioso, por eso la gente se vestía de punta en blanco y posaba ante el fotógrafo con la expresión más solemne posible –también por los varios segundos de exposición de las emulsiones fotográficas de entonces–, con miradas inquisitivas que se escapaban a veces, también de orgullo y de serenidad, quizá proyectando su imagen al futuro al pensar en la cadena de descendientes que con un poco de suerte las llegarían a ver con el transcurso de los años.

Fotografía de familia

Entonces la fotografía era considerada como algo muy serio, decíamos, como algo casi mágico e infinitamente más importante de lo que lo es ahora. Y desde luego no existía la sobreabundancia de instantáneas de nuestros tiempos: ¿quien puede intuir ahora que determinada foto estará destinada a ser contemplada por los hijos de nuestros hijos? ¿Y cómo sobrevivirán estas fotos, si ya no las guardamos físicamente? Difícil mirar a la cámara en busca de esa conexión que nos podría perpetuar por unas décadas o siglos más.

Pero volviendo a la exposición en sí, fascina contemplar pequeñas fotos en blanco y negro y con una delicadeza, definición y riqueza de tonos apabullante; mirar las expresiones de personas que una vez fueron y que hace tiempo que pasaron a ser un recuerdo. De épocas, orígenes y estratos sociales diversos, todas ellas tienen en común la fotografía familiar, humilde y sencilla, y que siempre ha sido uno de los más importantes y nobles usos que se le puede dar a una cámara fotográfica.

También contemplamos fotografía de viajes, que obviamente es una temática muy cercana a la fotografía de familia. Pequeños y fascinantes albumes que narran viajes concretos en la campiña francesa, en Marruecos, o escalando alguna de las montañas nevadas del Hindu Kush. Fotos que son como blogs de viajes del siglo pasado, con sus anotaciones y sus pequeñas narrativas, con esa naturaleza descriptiva y la necesidad de contar la experiencia a los que no pudieron estar allí.

Théo & Maud à nu

Las fotografías de esta exposición narran el roadtrip que una joven pareja de fotógrafos franceses, Théo Gosselin y Maud Chalard, llevaron a cabo por Estados Unidos en 2015, concretamente adentrándose en los estados de Nueva York, Pensilvania, Ohio, Kentucky, Tennessee, Arkansas, Texas, Nuevo México, Colorado, Wyoming, Montana, Idaho, Washington, Oregon, California, Nevada, Arizona y Utah.

© Théo Gosselin & Maud Chalard

“París era un lugar gris y la vida en la ciudad nos estaba matando poco a poco… Maud dejó su trabajo en abril y unas semanas después aterrizábamos en Montreal con nuestras cámaras, preparados para hacer nuestro sueño realidad. Allí encontramos a Joe, una furgoneta andrajosa y el tercer personaje en discordia de nuestra aventura: Joe nos condujo a través de América, de Quebec hasta Los Angeles. Nos esperaban nuevos amigos, tres averías, veinte mil kilómetros de carreteras desérticas, cuatrocientas latas de cerveza y sólo cinco duchas en tres meses de pura libertad. Tomamos fotos cada día con las mismas cámaras, capturando nuestra intimidad en la carretera.”

Nos encontramos pues ante fotos en película de color que narran un viaje iniciático cargado de vitalidad e inocencia, impregnado de aventura y de la excitación de la carretera, del amor de juventud en un tiempo suspendido y fronterizo con la realidad, frágil. Las referencias a Jack Kerouac y su On the Road son incuestionables, y hay hedonismo, grandes dosis de carpe diem y el deseo de cumplir un sueño de libertad que se sabe con fecha de caducidad.

© Théo Gosselin & Maud Chalard

© Théo Gosselin & Maud Chalard
© Théo Gosselin & Maud Chalard

© Théo Gosselin & Maud Chalard

Las fotos de Théo y Maud transmiten muchas cosas, pero el postureo no parece encontrarse entre ellas, lo que las convierte en una bella rara avis en estos tiempos de Instagram y de contar followers. No me atrevería a decir que Théo & Maud à nu narra un viaje en estado puro, pues esto no sería más que otro cliché, pero su visualización supone un soplo de aire fresco.

Les blousons noirs

Yan Morvan es un fotógrafo francés que reconozco no conocía, pese a que lleva más de 40 años en la profesión y en su país es considerado como uno de los padres del fotoperiodismo más comprometido, y venerado a la altura de un Raymond Depardon. En 1975, cuando comenzó a seguir la banda motera de los Blousons Noirs (chaquetas negras), Yan era un joven de apenas 21 años que se iniciaba como fotógrafo profesional, y documentaría durante tres años las andanzas de esta tribu urbana donde sexo, drogas y rock&roll iban acompañados de fuertes dosis de nihilismo, estética nazi y agresividad.

París en la década de los 70 estaba repleto de diferentes tribus urbanas pero Yan fue el único periodista francés que mostró interés en ellos: ángeles del infierno, skinheads, y los blousons noirs eran los más conocidos. Todos ellos tenían códigos y rituales diferentes, y la mayoría eran hijos de inmigrantes que habían venido a París en tiempo de entreguerras, buscando hackearse de alguna manera una identidad y una pertenencia de grupo. Yan fue aceptado en el papel de compañero y documentalista de las actividades de los blousons noirs, y gracias a su trabajo ha quedado un documento de enorme valor y calidad –pero que fue mal recibido en la época, por retratar entornos conflictivos y violentos–, y que no ha sido hasta 40 años después cuando el fotógrafo se ha animado a recopilar en forma de exposiciones y un libro en ciernes, gracias al micro mecenazgo.

Además de narrar una época convulsa, lo fascinante de las fotos de Morvan es que muestran que tras una fachada dura y sin fisuras aparentes se adivinan personalidades tan humanas y frágiles como las demás, y en la sucesión de fotografías se van intuyendo relaciones afectivas y de poder entre los miembros de la banda. El fotógrafo se integra como uno más del grupo –porque en cierta medida lo es– para poder conseguir imágenes íntimas y honestas, en ocasiones de complicidad, para tumbar la barrera ellos/nosotros y ser considerado como uno más de los chaquetas negras, para que gracias a ello los espectadores nos consideremos como uno más también en esta historia a veces dramática que se va desplegando ante nosotros; para que su empatía llegue también a ser nuestra empatía. Sólo así se puede transmitir una historia con el grado de pureza necesario, sin jueces ni acusados, y ese es el gran reto que consigue aquí Yan Morvan.

Pero en la exposicion itinerante Blousons Noirs también podemos estudiar las hojas de contacto de los carretes tirados para el proyecto, con el fin de que veamos el acercamiento de Yan Morvan a sus sujetos, su proceso de pensamiento y de trabajo, para que entendamos su punto de vista tanto a partir de las fotos seleccionadas como de las descartadas. Es un material altamente interesante y conmovedor.

¿Y qué tienen en común las fotografías de todas estas exposiciones? La vida que respiran y que traspasa el papel, manifestada en sus distintas concepciones; las relaciones humanas también, el sentido de grupo y de pertenencia, los recuerdos, los afectos. Seguramente, cuando os animéis a visitar el Museo Paul Dupuy de Toulouse os encontraréis con otras exposiciones, probablemente igual de fascinantes.

Agradecemos la colaboración a Turismo de Occitania y a Turismo de Toulouse, quienes nos ayudaron en la organización del viaje por esta región del sur de Francia y a disfrutar de nuestra estancia en la ciudad rosa. En Toulouse nos alojamos en el hotel Mercure Saint-Georges de Toulouse, súper céntrico y con amplios apartamentos para viajar con niños. También os emplazamos a descubrir el Departamento de Gers, que guarda muchas sorpresas pese a no ser tan conocido como los otros departamentos de la región.

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."

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