Ruta por el Oeste de Francia, parte 1

Ruta por el Oeste de Francia, parte 1

Tras la vuelta de un viaje, los detalles van desvaneciéndose a medida que transcurren los meses y los años, pero quedan momentos y sensaciones que se resisten a desaparecer, se puede decir que perdura la esencia, y a veces también las fotos vienen al rescate. Casi tres años después de realizar una ruta en coche por el Oeste de Francia, estos son mis recuerdos más visuales.

El viaje y la ruta arrancaron a primeros de agosto en Burdeos, aunque en verdad comenzaron unas pocas horas antes en Barcelona. El motivo era simple: Burdeos posee uno de los aeropuertos mejor conectados de toda Francia. Nuestra ruta en coche tenía una semana aproximada de duración y se dirigía siempre al norte aunque al final se tornaba en circular, con el vuelo de vuelta de nuevo en Burdeos ocho días después. Pero había otro factor que influía en esta circularidad: queríamos aprovechar y hacer parada en Futuroscope, cerca de Poitiers, para que nuestros hijos pequeños lo pasaran también en grande. Para ello, atravesamos en coche las regiones francesas de Nueva Aquitania, los Países del Loira, Bretaña y una pizca de Normandía.

Del Oeste de Francia nos atraían muchas cosas: sus costas atlánticas, sus pequeñas islas (como Île de Ré, Île d’Aix), sus faros; también una gastronomía muy centrada en los frutos de mar como las famosas ostras de Marennes-Oléron, los crêpes preparados de mil maneras, y la sidra bretona que normalmente los acompaña. Nos llamaban poderosamente la atención sus fortalezas medievales a pie de mar, como la de Fouras, o la preciosa ciudad fortificada de Saint-Malo e incluso el enormemente famoso e inevitable castillo situado en Monte Saint-Michel. También nos intrigaban la modernidad de Nantes o la majestuosidad de Rennes, y por supuesto, esperábamos disfrutar durante todo el viaje de los paisajes bucólicos y tranquilos de estas tierras atlánticas.

Estos eran a grandes rasgos los puntos de interés de nuestra ruta en coche por el Oeste de Francia, y como ya ha transcurrido un tiempo más que prudencial desde que la llevamos a cabo, os la voy a presentar en forma muy fotográfica y esencial, tal y como ha quedado en mis recuerdos.

Ruta por el Oeste de Francia

A lo largo de nuestra ruta visitamos los siguientes destinos:

Ruta por el Oeste de Francia
  • Burdeos
  • Arcachón
  • La Rochelle
  • Isla de Ré
  • Fouras
  • Île d’Aix
  • Futuroscope
  • Nantes
  • Rennes
  • Saint-Malo
  • Mont Saint-Michel
  • Burdeos

El punto de partida: Burdeos (Nueva Aquitania)

Toda ruta tiene un punto de partida, y el recuerdo de nuestra corta estancia en Burdeos se asienta principalmente en dos factores: disfrutamos de una mañana soleada en la preciosa Place de la Bourse, con la fuente de las tres gracias encarada desde la enorme explanada bañada en agua donde los niños correteaban de arriba a abajo incesantemente; también nos quedó grabado el animado centro comercial de Burdeos, articulado entre las calles Rue Sainte-Catherine y Rue Saint-Rémi. Además del paseo marítimo de La Rochelle, del que hablaremos más tarde, quizá en Burdeos nos hallamos en uno de los lugares más multitudinarios y bulliciosos de toda la ruta.

Place de la Bourse, Burdeos

Place de la Bourse, Burdeos

Las playas de Arcachón

No tardamos en buscar parajes más costeros, y nos dirigimos a la ciudad de Arcachon, situada a unos 65km al sur de Burdeos (una hora de coche), en donde nos esperaban las dunas más grandes de Europa y unas playas la mar de animadas. Uno de los placeres que nos aportan los viajes es descubrir las diferencias con respecto a los entornos a los que estamos acostumbrados, pero lo contrario también es cierto: así, las playas de Arcachon nos mostraron aspectos netamente franceses como los tiovivos y los puestos de crêpes, pero también un bullicio en la orilla del mar muy típicamente mediterráneo.

Playa de Arcachon

Playa de Arcachon

Playa de Arcachon

La Rochelle

Nuestro primer destino realmente anhelado del viaje era la ciudad portuaria de La Rochelle. Este célebre puerto de la costa oeste francesa conserva toneladas de personalidad, generada a lo largo de más de mil años de historia y marcada por cicatrices provenientes de batallas navales, cambios de bandera y hasta de religión… Pero lo que La Rochelle ofrece al visitante hoy en día son aguas calmas y amables, con un magnífico puerto y paseo marítimo jalonado por torres de defensa medievales, repleto de puestos para comer mariscos y pescados; en sus mesas se sirve una enorme variedad de mejillones junto con las inevitables ostras. Además, La Rochelle es también famosa por ser la puerta de entrada a la isla de Ré.

Paseo marítimo de La Rochelle

La Rochelle

La Rochelle

Puestos de comida en el puerto de La Rochelle

Isla de Ré

Llegamos a la isla de Ré atravesando el puente de 3km de largo que la une a la ciudad de La Rochelle. Y a pesar de que circular por la codiciada isla atlántica en coche suele venir desaconsejado en las guías de viaje, ya que es una isla prácticamente cerrada a este tipo de transporte, lo cierto es que al final no nos supuso ningún problema. En la isla de Ré encontramos un ambiente muchísimo más tranquilo y pausado que los que habíamos vivido hasta entonces, salpicada aquí y allá por pequeñas casas de madera de colores llamativos, recorrida en todas sus direcciones por locales y turistas en lo alto de sus bicis. Es una isla que dispone además de varios campings, aunque para conseguir reservar estancia en ellos es aconsejable hacerlo con bastante antelación. No fue nuestro caso, y nos contentamos igualmente con pasar todo un día recorriendo la isla.

Faros de la isla de Ré

Bicis en la isla de Ré

Playas de la isla de Ré

Playa de la isla de Ré

Costas prístinas de la isla de Ré

Recuerdo que llegar a la isla de Ré fue comenzar a relajarnos, nos bañamos en las playas de St Marie de Ré, comimos en el ajetreado puerto de St Martín de Ré (el pueblo más poblado), y vimos atardecer en el faro de las Ballenas.

Faros en el Oeste de Francia

Dentro del faro de las Ballenas

St Martín de Ré

Faro de la isla de Ré

Île d’Aix

Por entonces estábamos totalmente enganchados a las playas e islas atlánticas francesas, y nuestro siguiente destino era la pequeña y glamourosa Île d’Aix, pero para acceder a ella debíamos comprar billete en un barco transbordador en la ciudad de Fouras. Allí disfrutamos de nuevo de una mañana de playa, y como no de un tiovivo. Después de comer, subimos al barco que nos llevaría a la isla de Aix.

Playa de Fouras

Transbordador a la isla de Aix en Fouras

Allí encontramos un pequeño paraíso terrenal, al menos en verano; en la isla de Aix no están permitidos coches ni motos, y las casitas de madera que un día fueron bien pobres, hoy en día estarían prácticamente fuera de nuestro alcance –incluso para alquilar–; ahora es una isla exclusiva, y los famosos buscan descanso e intimidad en la isla de Aix, mientras los demás turistas anhelamos disfrutar de unos días apacibles en un entorno tan romántico como inspirador.

Casas de la isla de Aix

isla de Aix

Colores de la isla de Aix

Bicis en la isla de Aix

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."

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