Santa Teresa di Gallura, donde el cielo se une con el mar

Estoy en el pequeño pueblecito de Saltara, perteneciente al municipio de Santa Teresa di Gallura, una región de bohemios, corsarios y artistas situada en el extremo más al noroeste de la isla italiana de Cerdeña. La temperatura es cálida, y el aroma a maquis y a olivos impregna todo el aire que respiramos, desde el interior del monte sardo de jara y mirto, con el que se fabrican algunos de los jabones y licores de la isla, hasta el más familiar olor a sal del mar Mediterráneo.

Rena Bianca
Playa de Rena Bianca al anochecer

Es mi momento preferido en la playa. La hora bruja de la puesta de sol. El instante más mágico, en el que el cielo se une con el mar. La playa de Rena Maggiore poco a poco se ha ido quedando sola y únicamente se escucha el vaivén de las olas, rozando con suavidad la arena dorada y batiendo levemente los acantilados escarpados frente al mar. Aquí es incluso más mágico, y mi cámara capta las últimas instantáneas mientras se apaga poco a poco la luz en el horizonte y en la lejanía se comienza a escuchar el canto de los primeros grillos nocturnos.

La noche se viste de estrellas, un firmamento limpio y despejado donde se contempla claramente la Vía Láctea y, si miramos un poco más fijamente, una lluvia inmensa de estrellas fugaces a las que pedimos todos los deseos que nos faltan por cumplir. Desde nuestro alojamiento privilegiado, un bungalow de madera en pleno bosque de alcornoques y eucaliptos, escucho tranquila la llegada de la noche y desde la hamaca amarrada a los firmes troncos de dos árboles, mi cuerpo se mece suavemente leyendo las crónicas de Elio Vittorini, escritor siciliano que relata deliciosamente su viaje a Cerdeña como una infancia. Una de las joyas que encontré en mi librería preferida de Madrid antes de emprender el viaje y de cuya compañía estoy disfrutando tan enormemente durante este trayecto tan improvisado y a la vez tan alentador. Alimento para el cuerpo y para el alma.

Santa Teresa di Gallura
Santa Teresa di Gallura

Mar, sol, viento y rocas son los cuatro elementos de Cerdeña. No podría vivir sin ninguno de ellos, y a la vez vive por los cuatro. Un agua turquesa y transparente baña sus preciosas calas, que preservan tesoros como el coral azul y rojo o los oligoelementos que proporcionan el color rosado de la arena de la Spiagga Rosa en la isla de Budelli, una de las más protegidas y mejor preservadas de todo el archipiélago de la Maddalena. Un sol que brilla con luz propia más de 300 días al año y que alumbra, una por una, todas esas playas maravillosas de arena blanca y agua transparente, que son un reclamo turístico pero que no aceptan a cualquiera. El viento que sopla incansable, dando aliento a los cientos de veleros y yates de lujo que fondean en la mítica Costa Smeralda y navegan hacia la costa más salvaje del norte que llega hasta Santa Teresa di Gallura. Y por último, las rocas, escarpadas sobre el mar, formando bellas y sugerentes formas como el Paisaje Lunar de Capo Testa o la espectacular Grotte di Nettuno en Capo Caccia. Sus atardeceres, desde el mirador dell’ Inferno, dejan a cualquiera sin respiración.

Capo Testa
Capo Testa

Hay algo de mágico todavía hoy en la bella Sardegna, como les gusta llamarla a sus habitantes, l’ultimo paradiso del Mediterráneo.

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#isla

Publicado por Doris

Muchas cosas no se pueden averiguar pensando, hay que vivirlas (Michael Ende)
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