Recorriendo Túnez, experiencias de un viaje

Hoy presentamos un interesante artículo de nuestro amigo Ismael Sanllorente, narración en estado puro de sus experiencias y sensaciones en su viaje recorriendo Túnez. ¡Os animamos a que nos enviéis también vuestras experiencias!

Fueron 8 días 7 noches, suficiente, aunque mejorable, para poder sumergirnos en la cultura tunecina y conocer algunos de los rincones de este país norteafricano. Sin duda lo que más aconsejo es adentrarse en el desierto para surfear por sus dunas. Pero empecemos por algo muy típico e imposible de pasar por alto, “Los zocos y sus curiosidades”.

Experiencias en los zocos

Estuvimos en varios zocos (Túnez, Sousse, Djem, Monastir, Kairouan, Tozeur) repartidos de norte a sur. En ellos encuentras muchas cosas que te chocan y a las que no estás habituado. Los comerciantes Tunecinos son realmente pesados y cargantes, están convencidos que cuanto más agobien más van a vender, hasta tal punto que te agarran y te meten en la tienda, literalmente, previamente habiendote saludado en 5 ó 6 idiomas hasta acertar con tu nacionalidad, cosa que tienen muy entrenada y puede resultar gracioso, ya que te salen con rimas como: “hola, cola-cola“, “hola caracola” o el típico “hola amigo…“. Hay que ir hecho a la idea para no dejarte llevar y engañar, son auténticos maestros en el arte de vender.

Estaba en Kairouan, quería comprarme una chilaba, yo sabía y tenía claro que no iba a pagar más de 20 dinares (previamente ya había indagado…) uno de los comerciantes ve que me acerco a la tienda… con lo cual ya estaba empezando a segregar saliva como un perro hambriento pensando en la tajada que iba a sacar. Fui directo, “Quiero una chilaba“, le dije, ¿cuánto cuesta?, pregunté, y si no recuerdo mal, me dijo “muy barato, 150 dinares“, me esperaba que me dijera unos 100 dinares. Le dije, “no te doy más de 20 dinares“. Tras ponerme una cara de decepción mezclada con locura, y pasados 10 minutos, sino fueron más, intentando convencer y venderme “la moto”, conseguí salir de “la jaula” donde me había metido, a pesar de que físicamente me lo impidieran y claro, salí sin comprarmela.

A la salida me esperaba el patrón, que igualmente me agarró por la espalda y, al final, me la dio por los 20 dinares como ofrecí al principio, ya contento pude escapar, pero no acabó ahí. El comerciante de la tienda de al lado me pregunta, “¿Por cuánto la has comprado?” respondi 20 dinares, y me contesto “Yo te la había dado por 10” y seguí mi camino, ya que mis dos amigos me esparaban. Después de este episodio no quiero desanimaros, sino advertiros para que sepáis que se las saben todas, mi consejo es dejar las compras para el final… y tener mucha, muuuuuuuchaa paciencia.

Los zocos normalmente están dentro de La Medina, digamos que La Medina es el centro histórico de la ciudad, con sus murallas y mezquitas. Es increíble pasear entre las miles de calles llenas de comercios, de todo tipo, cada uno con sus peculariedades… la tienda de especies, llena de un montón de sacos de colores, parecía un arco iris, y por supuesto emanaba un olor agradable de la mezcla de todos los olores y sabores… las carnicerías, auténticas imágenes de cabezas de vaca y dromedarios colgadas, o incluso un cordero muerto colgado y justo al lado, recostado otra ovejita, esperando su turno… y de fondo el inevitable sonido de los cuchillos…

Son omnipresentes las tiendas de souvenirs, ya sea de moda, como de recuerdos u objetos típicos… También están las fruterías, utilizando las arcaicas pero increíbles balanzas que nuestros abuelos tenían… No puedo olvidar las teterías, fantástico té verde a la menta, uno en concreto me lo pusieron con almendritas troceadas.. mmm.. y, como no, acompañado del narguilet, la famosa sisa… y así todas y cada una de ellas. Tuve la suerte entrar en un taller de artesanos que trabajaban el metal, y vimos cómo hacían los nargilets, todos sus instrumentos de trabajo eran tan arcaicos y sin embargo tenían una gran precisión.

Sensaciones y estampas de un viaje

Era increíble la cantidad de gatos que puede haber, suelen ser bastantes cariñosos, además eran buenos modelos, les gustaba posar, la pena que no todos están en muy buenas condiciones. En una ocasión sentados en una tetería en la parte alta de la Medina de Sousse, mientras nos tomábamos ese té verde a la menta con almendritas. Se acercó un lindo gatito atigrado, era precioso, se hizo amigo nuestro, se ve que le caímos bien, al final se quedo dormido encima de mi mochila, que tenía entre mis piernas, ¡monísimo!.

Una imagen muy simpática que no creo que olvide fue la un señor que vendía alubias, en realidad estaba tumbado en un carro con las piernas colgando y el carro lleno de alubias verdes, estos carros antiguos que constan de dos ruedas y una tabla horizontal de madera… de los que tiraban graciosos y simpáticos burros. Estaba cerca del mercado, y mi paladar no olvidará que compré unos dátiles buenísimos, y baratísimos, evidentemente os podéis imaginar que la diferencia económica (si sabes comprar) es muy grande.

Continuando viaje por Túnez

Sin duda, lo mejor del viaje fue cuando fuimos hacia el sur, bajamos en coche, de fondo escuchando las típicas canciones árabes que nuestro guía nos iba poniendo, e incluso a veces, cantado la canción hacíamos el típico movimiento que hacen con los brazos las bailarinas en la danza del vientre, muy cómico desde luego. Bajamos por la parte costera, pasando por Gabes, para llegar hasta Matmata, en esta zona se podía ver ya un paisaje mucho más árido y seco, nos acercábamos al desierto, o el desierto se acercaba a nosotros. Tras ver las casas de los trogloditas y comer el típico cous cus junto con nuestro guía Wathic nos dirijimos hacia Douz y una vez allí, a Zaafrane.

Por fin llegamos a lo que llaman las puertas del desierto, nos esperaban unos hermosos dromedarios, con los que empezamos nuestra odisea. Cargamos nuestro equipaje, nos protegimos del sol y junto con Wathic y un bereber poco a poco nos perdimos en la inmensidad de la arena y arena y arena. Creedme que la experiencia es indescriptible: mires donde mires sólo ves arena, con suerte algún arbustillo y palmeras. Sentarse en la cima de una duna y ver como cae el sol es increíble, los colores, las formas, la brisa del desierto, experimentar cómo va bajando la temperatura. Por la noche tras cenar, hicimos una fogata y nos quedamos dormidos en medio de la nada.

Tras ser hipnotizados por la magia del Sahara, se acercaba la fecha de vuelta, con lo que empezamos a subir hacia el Norte, sin dejar de visitar al gran oasis de agua salada, era como una llanura enorme con un manto blanco donde también se perdía el horizonte. Tras pasar este curioso oasis llegamos a Tozeur, donde hicimos noche y ya que se acercaba el final del viaje hicimos compras en un comercio, en este caso el comerciante, Aziz, fue muy amable y divertido, hicimos muy buena amistad y esa misma noche antes de dormir pasamos a compartir unos te a la menta y un nargilet, fue muy interesante y divertido. No me imaginaba que iba a estar tumbado en una alfombra, vestido de tunecino, bebiendo te, fumando sisa y hablando italiano con los amigos tunecinos recién hechos y en su propio comercio, pensándolo días después, todo era muy surrealista.

Tampoco nos olvidamos de pasar por Nefta, el palmeras más grande que he visto en la vida, la cordillera del atlas, pasando por Chebica y Tamerza donde vimos más oasis, incluso cascadas de agua. Parece mentira ver de repente esa cantidad de agua en un sitio así. Realmente los ojos se te iluminan.

De camino a Sousse, nos encontramos unos cuantos dromedarios que paseaban a sus anchas, al igual que nosotros nos encontramos ovejas pastando. Dos días después llegábamos al aeropuerto. Lo único que pensaba en ese momento era en cuando podría volver.

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."
3 comentarios
  • Hola Isma,
    Nunca se puede decir que un pais no te ha gustado, pero si que no ha cumplido tus expectativas. Quizás debido a una comparación innecesaria con Marruecos o por desconocimiento, tengo que decir que mi viaje a Tunez no fue de mis preferidos. Si tuviera que destacar algo seria la zona del desierto, Sidi bOud Said, un hotel en Matmata en mitad de la nada, los zocos y la amabilidad de la gente.
    Saludos. Esther

  • Hola,

    Disculpa Esther, no había visto tu comentario, creo que ha sido hace tiempo… gracias por tu observación. Igualmente permíteme decir que nunca dije que no me gustará, precisamente he hablado de todas las cosas que me impactaron, que no fueron pocas, incluso al final comento que quiero volver.
    En mis viajes intento no ser el típico turista, intento camuflarme con la cultura y formas del lugar, me gusta conocer la esencia de cada sitio, no sólo lo bonito y fácil hecho para el turista, eso no me gusta.

    Un saludo, Isma.

    Pd. Gracias manu, por esta web tan chula!!!

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