Las islas de Wadden, navegando por tierras del norte

Siguiendo mi viaje por Holanda, me encontré navegando por el mar del Norte. Allí uno se siente como si estuviese fuera del tiempo y del espacio. Es un mar gris plomizo, salpicado sólo muy de vez en cuando por un breve y efímero rayo de sol que se deja entrever por entre las densas nubes. Al contrario de lo que pudiera parecer, la costa que baña las islas frisias (o islas de Wadden) es plano y tranquilo, y en él habitan multitud de focas que, como nos cuentan nuestros guías, suelen juntarse en la reserva del parque natural Ecomare, en la isla de Texel, donde existe una especie de hospital para las focas heridas del mar del Norte.

Playa de Terschelling
Playa de Terschelling

El viaje desde Harlingen a Terscheeling -una de las islas más grandes de las Wadden-es un trayecto de 45 minutos en el ferry más rápido de la compañía Rederij Doeksen, amenizado por vídeos sobre la región donde se aprecian unas playas de arenas finas que nada tienen que envidiar a las del mar Caribe en cuanto a longitud y naturaleza en estado puro. Una vez en el puerto, visitamos la Oficina de Turismo (señalizada con las letras VVV), donde nos acompañan a recoger unas bicicletas para visitar la impresionante naturaleza de esta isla.

Kinnum, a unos 6 kilómetros de West Terscheeling, es un pueblecito de cuento, de esos que probablemente todavía no hayan llegado a las páginas de la red. Tiene una pequeña vaquería artesanal, en la que se extrae todas las mañanas la leche de vacas auténticas (y se fabrica el tradicional queso holandés) y un encantador café -el único en algunos metros a la redonda- que por lástima no abre en los meses de temporada baja.

Puesta de sol en la playa de Terschelling
Puesta de sol en la playa de Terschelling

Desde Kinnum seguimos pedaleando medio kilómetro más hasta alcanzar el pueblo de Formerum, justo en el centro de la isla y donde nos encontramos con un encantador molino del siglo XVII, excelentemente restaurado y convertido en cafetería de madera por dentro, en donde es posible saborear un delicioso chocolate caliente que contrasta con los cinco grados bajo cero de temperatura exterior. Tras esta pequeña parada, alcanzamos nuestro destino final: la playa del mar del Norte, más de 30 kilómetros de arenas finas y blancas, cuya única comparación posible es la inmensidad del desierto, ya que hay que andar casi 2 kilómetros para palpar la fresca temperatura del mar. Se trata de una de las playas más grandes de Europa, a pesar de que a día de hoy permanezca en secreto todavía para muchos españoles, ya que nos cuentan que los turistas que frecuentan la isla son en su mayoría locales, o procedentes de los países vecinos, Francia y Alemania.

El mar del Norte y sus veleros de cuento

Nieva. Febrero es un mes muy frío en Holanda y, al mismo tiempo, nostálgico y encantador. Dos joggers corren abrigados hasta las cejas por el puerto pesquero de Harlingen, un puerto por el que no hace muchos años pasaban los principales barcos y veleros del mundo en su camino hacia sus destinos finales de Ámsterdam y Rotterdam. Tan sólo algunas pocas osadas gaviotas se aventuran a hundir sus alas en las gélidas aguas del mar del Norte, que hoy son de color verde botella y cuando luce el sol se tornan esmeralda.

Veleros del mar del norte
Veleros del mar del norte

Cuenta la leyenda que hace ya unas cuantas décadas, allá por el siglo XVIII, numerosos barcos se hundieron en estas amenazadoras aguas alrededor de la isla de Terscheeling debido a las inclemencias meteorológicas del traidor mar del Norte. Uno de ellos, el Lutine,de nacionalidad francesa y servicio británico, se hundió la noche del 9 de octubre de 1799 en su camino de Yarmouth a Hamburgo entre las islas de Vlieland y Terscheeling.

Doscientos años después de que esto ocurriese, todavía hoy los oriundos del lugar se preguntan por las causas de este hundimiento, ya que este legendario velero transportaba una incontable cantidad de oro y de plata, cuyo fin principal era el de intentar reanimar la decadente economía del Hamburgo de aquella época. Numerosos esfuerzos se han realizado desde entonces para localizar el armazón del barco y “pescar” este valioso tesoro sin resultado alguno exitoso. Los esfuerzos por recuperarlo continúan hasta el día de hoy. Se han llegado a escribir incluso varios libros sobre el destino del Lutine (en francés, “plaga”) y la caza de su tesoro. A día de hoy, el Lutune continúa sin aparecer y mostrar a los holandeses y al mundo entero su valioso botín que ha hecho revivir hasta hoy el significado de su nombre francés y la tradición velera holandesa.

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Continúa leyendo la serie 'Viaje a Holanda'Frisia, la Holanda desconocidaHarlingen y la historia del faro  

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Publicado por Doris

Muchas cosas no se pueden averiguar pensando, hay que vivirlas (Michael Ende)

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