La ópera de Viena. Desacuerdos y acordes

Fue el primero de los edificios que dio origen al Ring de Viena, un capricho urbanístico del emperador Francisco José I formado por un gran bulevar de cinco kilómetros de longitud que articula el centro de la capital austríaca y rodea todo el casco antiguo. Su primera piedra fue, pues, la Staatsoper o la Ópera Nacional. Hoy esta colosal estructura es cita indiscutible para los millones de turistas que se acercan a la capital centroeuropea y es considerada por melómanos del mundo como uno de los centros de la ópera más relevantes, sin embargo hace casi doscientos años, cuando abrió sus puertas, fue denostada y criticada por la opinión pública.

Ópera de Viena

Una ópera polémica en sus inicios

Lo cierto es que su construcción no comenzó con buen pie. Cuando ya cimientos y la estructura estaba plantada, las autoridades vienesas decidieron renivelar las calles, lo que elevó un metro la altura del suelo y la sensación de que la ópera estaba hundida. No es de extrañar que algunas de las descripciones que prensa y autoridades concedieron al edificio fueran de “elefante empachado” o “caja semienterrada” cuando en 1868 se inauguró la obra concebida por los arquitectos Eduard van der Null y August Sicard von Sicardsburg.

De sus mentes nació un edificio neorenancentista que se elevó sobre el antiguo teatro de la ópera de la corte. Su misión era dar relevo al Burgtheater que desde tiempos de la emperatriz María Teresa había sido el centro operísitico de Austria y escenario donde los vieneses se esforzaban por dar pábulo a las obras de uno de sus hijos más célebres: Wolfang Amadeus Mozart. Concibieron para tal fin un conjunto de grandes dimensiones elevado en cuatro alturas en el cuerpo central (donde se ubica el auditorio que tiene actualmente una capacidad de más de 2.200 personas) y de dos en las galerías exteriores, plagados de referencias a la tradición grecolatina y renacentista (en arcos, frisos y pilares) que encasillaron a este monumental conjunto en la corriente neorrenacentista.

A juicio de los críticos, todo este esfuerzo no fue suficiente para ensombrecer con el nuevo edificio a los que se consideraban entonces como los grandes referentes de la ópera: el edificio Garnier de París y La Scala de Milán. Fueron tales las críticas que ninguno de sus dos creadores llegaron a escuchar ni una sola nota en su interior ya que el primero, Van der Null, se suicidó y el segundo, Von Sicardsburg, falleció un mes después por un fulminante ataque al corazón.

Palcos de la Ópera de Viena

Vista del interior de la Ópera de Viena

La consolidación de una gran ópera

Paradójicamente, la tragedia y la mala fama que se generó entorno a este edificio sería pronto olvidada, en cuanto las primeras notas del Don Juan de Mozart sonaron sobre sus tablas un 25 de mayo de 1869. La calidad acústica del espacio central enmudeció a las malas lenguas; de hecho, recuperar su brillantez y nitidez tras los destrozos sufridos por un bombardeo aéreo durante la Segunda Guerra Mundial fue la obsesión de quienes se encargaron de reconstruir el escenario y la sala de espectadores años después.

La guerra se saldó con un devastador incendió que no sólo arrasó con la ornamentación y el interior del teatro sino que destruyó la ingente cantidad de vestuario, atrezzo y decorados que a lo largo de los años y los estrenos se habían ido conservando y reutilizando. La prioridad fue devolver a la sala de escena su acústica e imagen original. Así, se recubrió la sala de madera, manteniendo los colores originales (rojo, marfil y oro) pero dándole un nuevo aire más moderno, y eliminando algunas de las columnas del cuarto piso para ganar visibilidad.

El reestreno, de nuevo, fue todo un éxito: el 5 de noviembre de 1955 con la representación del Fidelio de Bethoven y bajo la batuta de Karl Böhm. De esta manera, el edificio fue nota a nota, estreno tras estreno, forjando su nombre y valor hasta convertirse en lo que es a día de hoy: uno de los mayores centros culturales del mundo.

Ópera de Viena, fachada de noche

Autora: Beatriz García

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."

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