La Maison Moschino de Milán

Agradezco los establecimientos sin parangón, únicos en su especie, y abomino el naranja chillón en las paredes, signo inequívoco de que el hotel pide a gritos que lo demuelan y lo vuelvan a construir. Éste que os presento es uno de los que no se olvidan.

Maison Moschino. Fachada
Maison Moschino. Fachada

Alojarse en un hotel que encierre las esencias de la ciudad que lo acoge es quizás la mejor manera de adentrarse en el terreno. Por eso la Maison Moschino se me antoja una opción inmejorable para sumergirse en todo lo que Milán representa: moda, diseño y sueños.

Lo idearon las mentes creativas de la firma de costura italiana Moschino, y como en Milán hay que aterrizar de la mano de la moda para ser alguien, y hablar su lenguaje para crear imagen de marca, el aunar hotelería con pasarelas es muy habitual. También lo ha hecho Versace con sus hoteles en Australia y Dubai. Y Missoni, Bulgari, Armani

La Maison abrió en marzo de 2010 en una antigua estación de trenes de estilo neoclásico, cerca del barrio de Brera, que es el más cool de Milán, y eso es decir mucho. La idea era introducir al invitado en el mundo Moschino, esto es, un universo onírico volcado en patrones y telas.

Blanco y radiante es el vestíbulo, en el que se exhiben elementos para soñar: vestidos-lámpara, sillones con forma de flor, nubes en el techo… Todos en venta a precios ruinosos (hay cojines-tarta de fresa por 550 euros y colchas de pétalos de rosas modelo lo-quiero-ya-para-mi-casa por 6.500 euros).

Maison Moschino - hall
Maison Moschino - hall

El palacete en el que se ubica no es muy grande y, al plantear el hotel, presentaba problemas para construir las habitaciones, que son más bien estrechas y de techos muy altos. En algunas de ellas la solución que encontraron fue algo marciana: dividir las estancias en dos plantas y colocar en la zona superior el armario para la ropa y una chaise longue que ni la madre de Franco Moschino utilizaría, pues no va acompañada de mesa ni de televisión ni de nada.

Tampoco los baños son un alarde espacial. Los lavabos carecen de superficie suficiente, al menos para que una mujer despliegue todos sus productos de chapa y pintura. Muchos carecen de bañera. Lo más seguro es que por esa necesidad de metros cuadrados el hotel no haya logrado la quinta estrella y se haya quedado en cuatro.

Maison Moschino - dormitorio
Maison Moschino - dormitorio

Obviando este contratiempo, que no es baladí, hay que reconocer que este hotel es un capricho, y que te transporta al mundo de Alicia en el país de las Maravillas. Una de susestancias está consagrada al oro, y tanto sus paredes como la colcha de la cama son doradas. Otra está presidida por un cabecero con forma de vestido de terciopelo colgado de una percha gigante. Las hay que parecen un bosque y las que por mesas tienen tazas de té, al estilo Alicia… Dieciséis tipos distintos para elegir si hay disponibilidad.

El restaurante, Clandestino Milano, mantiene ese estilo, y si bien el desayuno, aunque original, resulta decepcionante (lo sirven en una bandeja con forma de caja de zapatos y no dan opción a elegir entre distintos platos), las cenas son de primer nivel. De hecho, es un local afamado en Milán al que acuden quienes quieren ver y dejarse ver. De cocina minimal y muy cuidada. Prepara 70 euros para disfrutarlo.

Ficha de la Maison Moschino de Milán

Dirección: Viale Monte Grappa, 12. Milán (Italia).
Web: http://www.maisonmoschino.com
Categoría: 4 estrellas.
Nº de habitaciones: 65.
Mejor habitación: aquella que cuente con bañera y un baño amplio (no todas lo ofrecen).
Lugar de interés más cercano: las animadas calles Corso Como y Garibaldi y el bohemio barrio de Brera.
Servicios: spa, bar y restaurante Clandestino Milano.
Internet: las habitaciones tienen Wi-fi de pago.
Detalles: las amenities son para coleccionar.
Precio: 400 euros la noche en habitación doble.


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Continúa leyendo la serie 'La testadora de camas'Hoteles de lujo. La Trémoille, ParísAtrio. Cáceres  

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Publicado por Ana Franco

La ‘testadora’ de camas. El sueño de mi vida laboral es ser probadora de camas de hoteles de lujo. Ventajas: todas. Duermes mucho (estupendo para el cutis), no pagas alquiler por un piso (ni las facturas que conlleva), el personal te mima como si fuera tu madre y viajas sinfín. Por si fuera poco, el servicio que prestas a las empresas hoteleras con tus informes (el lecho no está suficientemente iluminado, la dureza del cuadrante A3 es excesiva, la almohada pierde pluma…) se me antoja inestimable. Hasta que llegue mi oportunidad seguiré siendo periodista, especialidad: lujo. Que tampoco está mal. Mi profesión y mi vocación de curiosa me llevan a viajar constantemente, y no de cualquier manera. Visito hoteles de playa, de montaña y de monumento; establecimientos de cuatro, cinco y siete estrellas (de seis no, no me preguntéis por qué); espacios minimales, recargados y hórror vacui. A partir de ahora, y gracias a mi querida Doris, los diseccionaré para 3viajesaldia. Que también es un lujo de página. ¿Te gustan los artículos de Ana? No dejes de visitar Deluxes.net
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