La Lisboa de Fernando Pessoa

La Lisboa de Fernando Pessoa

Con el paso de los años, la Lisboa de Fernando Pessoa va desvaneciéndose al tiempo que crece su leyenda, y como tal, el poeta luso más importante del siglo XX se nos muestra con una imagen cada vez más icónica y simplificada, desprovista de sustancia y de significado, prácticamente banalizada y vacía. Es decir: como una marca más con la que atraer al turismo. La cara y el nombre de Fernando Pessoa están por todo Lisboa pero, ¿qué queda de su esencia?

En una breve ruta pessoaniana por Lisboa, el café A Brasileira (Rua Garrett, 120 – Chiado), en cuya terraza se encuentra su estatua de bronce, es sin duda un punto de parada obligado, aunque suponga en sí mismo un anticlímax: la estatua en la que se le presenta sentado en una silla más de la terraza, con una pierna cruzada sobre la otra, sirve mayormente de motivo para selfies –lo que tampoco es malo, peor es la artificialidad de plantarle una estatua ahí–, y el interior del café nos depara un trato un tanto rudo, quizá porque tantas hordas de turistas hemos arramblado con las energías y la amabilidad de su personal. Casi cien años han pasado desde que Pessoa se acercara cada tarde a A Brasileira a tomar absenta y un dulce bica (expreso brasileiro), mientras fumaba, leía y escribía; sin duda, es demasiado tiempo.

La librería Bertrand, situada a escasos metros de A Brasileira, parece haber llevado mejor vida. También frecuentada por Pessoa, la que se dice librería más antigua de Europa (se fundó en 1732, y de alguna manera logró sobrevivir al gran terremoto de Lisboa de 1755) proporciona una muy agradable visita, con sus estancias de techos abovedados repletas de una interesante selección de libros mayormente en lengua portuguesa. Tentador llevarse un Livro do desassossego del omnipresente Pessoa, su Guía para visitar Lisboa o porqué no un Os Lusíadas del también ilustrísimo poeta luso Luis de Camoens. En cualquier caso, la librería Bertrand supone un remanso de paz en esta Lisboa hiperactiva situada entre los barrios de Chiado y Baixa.

Antes hablábamos del café A Brasileira porque es donde se encuentra la estatua del poeta, pero curiosamente se dice que su café favorito fue en realidad el Café Martinho da Arcada (Praça do Comércio, 3), que continúa igualmente abierto al público y se halla además en una excelente ubicación para el turista, aunque sin turistas y sin estatua.

Pessoa gustaba de pasear por las calles de la capital lusa y lo hacía en horas matutinas, antes de ir a trabajar a su puesto de traductor de cartas comerciales. Lejos de buscar los itinerarios por donde transitaba el escritor, el turista interesado debería relajarse y dejarse llevar por su propio instinto –o la falta de él–:

[…] Amo estas plazuelas solitarias, intercaladas entre calles de poco tránsito, y sin más tránsito, ellas mismas, que las calles. Son claros inútiles, cosas que esperan, entre tumultos distantes. Son de aldea en la ciudad. Paso por ellas, subo a cualquiera de las calles que afluyen a ellas, después bajo de nuevo esa calle, para regresar a ellas. Vista desde el otro lado es diferente, pero la misma paz deja dorarse de añoranza súbita -sol en el ocaso- el lado que no había visto a la ida. 

La iconografía de Fernando Pessoa se encuentra por toda Lisboa
Calle de A Baixa: la iconografía de Fernando Pessoa se encuentra por todo Lisboa

Y en cualquier caso, el turista debería regalarse el pasear por las calles de Lisboa sin prisas, saboreando el transcurrir del tiempo (¡que para algo está de vacaciones!) y vivir esos momentos con los ojos bien abiertos. Emular a Pessoa en ese sentido debería de ser asequible:

[…] En la niebla leve de la mañana de media-primavera, la Baja despierta entorpecida y el sol nace como con lentitud. Hay una alegría sosegada en el aire con mitad de frío, y la vida, al soplo de la brisa que no hay, tirita vagamente por el frío que ya ha pasado, por el recuerdo del frío más que por el frío, por la comparación con el verano próximo, más que por el tiempo que está haciendo. No han abierto todavía las tiendas, salvo las lecherías y los cafés, pero el reposo no es de torpor, como el del domingo; es tan sólo de reposo. Un rastro rubio se antecede en el aire que se revela, y el azul se colorea pálidamente a través de la bruma que se extingue. El movimiento comienza poco a poco por las calles, destaca la separación de los peatones, y en las pocas ventanas abiertas, madrugan también apariciones. Los tranvías trazan a medio-aire su surco móvil amarillo y numerado. Y, de minuto en minuto, sensiblemente, las calles se desdesiertan. 

Tranvías de Lisboa

Fernando Pessoa vivió por lo general en modestas habitaciones alquiladas por todo Lisboa (hasta unas veinte) desde que, en 1920, tuvo un cuarto en la llamada Casa Fernando Pessoa (R. Coelho da Rocha, 16), hoy casa-museo. Situada en el barrio de Campo de Ourique, en este espacio se llevan a cabo en la actualidad exposiciones, coloquios y talleres. Cuenta además con una biblioteca pública especializada en poesía, auditorio, un jardín, salas de exposiciones y una vasta colección de obras de artistas contemporáneos además de una parte importante de la herencia del poeta: objetos y mobiliario que le pertenecieron y que nos transportarán al fascinante mundo interior de un autor extremadamente inteligente, sensible, complejo, polifacético y transparente en su literatura, del que se sigue estudiando y publicando su extensa obra a partir de los miles de manuscritos que dejó en un baúl en su última habitación.

Un escritor con múltiples personalidades –porque desarrollar una sola le parecía demasiado pobre–, que firmaba sus obras con alguno de sus muchos heterónimos de nombres tan sugerentes como Bernardo Soares, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Alexander Search, Jean Seul de Méleuret… según casara su personalidad inventada con la temática desarrollada en cualquiera de los diversos estilos literarios que cultivó durante toda su vida.

Fernando Pessoa, un personaje complejo y fascinante que sin duda no puede definirse en una imagen, ni se pueden adquirir sus ideas y valores adhiriendo su nombre a un souvenir. Pero benditos sean las guías y los blogs de viajes que lo mencionan si consiguen despertar la curiosidad del visitante a Lisboa, si le dan pie a introducirse en su deslumbrante obra. Aunque sea a través de una lectura tan lúcida e inquietante como El Libro del Desasosiego.

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."

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