Hímera olvidada

Hímera olvidada

Mi suegro solía decir, en tono jocoso, que las ruinas no son más que “casas espaldadas”. Sin atreverme a quitarle parte de razón, estoy seguro que muchas de ellas todavía nos transmiten ecos de un pasado remoto, susurros de historias sobre una condición humana que apenas ha cambiado con el paso de los siglos. Sólo hemos de prestarles atención para comenzar a desvelarlos, pero si no estamos dispuestos a hacerlo no pasa nada; quizá alguien en el futuro lo hará, cuando nuestro tiempo también haya pasado.

Bajé del coche dibujando una amplia sonrisa, pues tenía claro que los siguientes treinta minutos iban a ser míos, y un tanto especiales. Esa mañana de verano lucía fantástica en Sicilia, y mi familia me esperaría pacientemente en el coche mientras me disponía a visitar una de las ruinas milenarias más desconocidas y olvidadas del Mediterráneo.

Hímera

Atravesé a pie la carretera que me separaba del Tempio della Vittoria, el que fue un espléndido templo dórico erigido hace 2.500 años en la ilustre polis griega de Hímera para conmemorar la batalla del mismo nombre. Hímera (648 − 408 a.C.) era el más occidental de los asentamientos griegos de la costa norte de Sicilia, y la única polis independiente en la zona. Se encontraba en la desembocadura del río del mismo nombre, entre Panormo y Cafalòdion (Cefalú). Hímera fue poderosa y tuvo gran influencia en el devenir de la isla mediterránea durante los más de 200 años que transcurrieron entre su fundación y destrucción.

En la Batalla de Hímera (480 a. C.) se enfrentaron griegos contra cartagineses por el control del Mediterráneo occidental, y los ejércitos combinados de Terón de Acragas (Agrigento) y Gelón de Siracusa se impusieron a los cartagineses de Amilcar Magón, mucho más numerosos. En su momento, la victoria fue todo un hito para la coalición griega: la leyenda dice que la confrontación se produjo el mismo día en que los persas caían en otra batalla mil veces más ilustre, la de Salamina, pero es poco probable que así fuera. Sin embargo, sí que se cree que la Batalla de Hímera tuviera lugar en las mismas fechas en que el ejército espartano del rey Leonidas se adentraba en la leyenda tras su sacrificio ante los persas en el desfiladero de las Termópilas.

Sicilia, Batalla de Hímera
Sicilia, Batalla de Hímera

En cualquier caso, el dominio helénico del Mediterráneo se vió reforzado, y los himerenses conmemoraron su victoria como correspondía a la ocasión: construyendo un impresionante templo dórico dedicado a la diosa Atenea.

Pero la Historia es siempre caprichosa, y lo que entonces se veía como un golpe de efecto de consecuencias duraderas no fue otra cosa que un acontecimiento más de una larga serie de eventos que trascurrieron a lo largo de varias décadas, en las cuales vencedores y vencidos intercambiaron papeles de manera pasmosa. Y finalmente Hímera fue arrasada en el 408 a. C. por un nieto de Amilcar Magón, que venía de liquidar también la próspera colonia siciliana de Selinunte. Una vez cumplida su obra de venganza y destrucción, Amilcar se marchó por donde había venido y dejó las ruinas sicilianas a cargo del Tiempo, ese implacable domador de vencedores y vencidos, el que todo lo erosiona y desviste de razón de ser hasta hacerlo desaparecer, inexorablemente. E Hímera ya no volvería a levantar cabeza.

El templo de la Victoria

Hubo un tiempo en que el Templo de la Victoria fue magnífico, digno de admirar. El templo se ideó como un edificio clásico de estilo dórico con 6 columnas en su parte frontal (22.45m) y 14 a los lados (55.91m). La decoración del friso tenía como motivos principales varias cabezas de león, cuya visión debió de ser en verdad imponente.

Reconstrucción del Templo de la Victoria de Hímera
Reconstrucción del Templo de la Victoria de Hímera

Ahora, los pocos restos que quedan de estas cabezas leoninas se muestran en el Museo Arqueológico ‘A. Salinas’ de Palermo.

Detalle de un león del friso del Templo de la Victoria, Sicilia
Detalle de un león del friso del Templo de la Victoria, Sicilia. (c) virgi.pla

El Templo de la Victoria fue quemado y destruído por los Cartagineses tras la conquista de Hímera en el 408 a. C., y más tarde las columnas que quedaron en pie fueron cediendo en sucesivos terremotos a lo largo de los siglos. En tiempos medievales, algunos edificios rurales y una torre fueron construídos encima de los restos del templo –que se convirtió en una suerte de molino– acelerando su destrucción. Finalmente, en 1929 las autoridades locales se apiadaron del sufrido templo, y todos estos añadidos fueron demolidos con el objeto de limpiar el área y comenzar las tareas de exploración arqueológica en la zona en donde se cree que se ubicaba la antigua Hímera.

Sensaciones al visitar las ruinas de Hímera

Pero volvamos de nuevo a esa espléndida mañana de verano siciliano en que me hallaba descubriendo las ruinas de Hímera: apenas una simple valla de un metro de altura me separaba del Templo de la Victoria, y al atravesarla me encontré visitando –la entrada es gratis– los escasos restos que atestiguan la gran victoria de griegos sobre cartagineses en Sicilia. Mi regocijo era grande al comprobar que podía disfrutar con absoluta tranquilidad de la contemplación de estas pobres y desencantadas piedras. No había ni un solo turista en el recinto —aparte de mí—, y ya ni siquiera me podía distraer el ruido de la carretera que discurría a pocos metros.

Cartel de entrada a las ruinas del Templo de la Victoria de Hímera
Cartel de entrada a las ruinas del Templo de la Victoria

Así pues pude ensoñarme con calma contemplando los restos de templo desde todos sus ángulos, haciéndome con sus dimensiones, pisando su pétrea plataforma y entrando en sus salas –o lo que queda de ellas bajo las columnas derribadas–. Me dediqué a imaginarme lo espléndido que fue el templo en su día, la fuerza de su significado y cómo nada de eso sirvió para evitar que fuera quemado hasta sus cimientos, para comenzar después un largo via crucis de olvido y decadencia, que le había llevado hasta casi su total desaparición.

En los últimos años, una tímida restauración y la mínima infraestructura turística que le rodea –una valla y cuatro carteles– habían recuperado algo de dignidad al conjunto. Y a pesar de todo, era evidente que el Templo de la Victoria –lo poco que quedaba de él– permanecía allí para dar testimonio de un pasado largamente olvidado, aunque para mí era emocionante contemplarlo, pisarlo y tocarlo, y pensar en todas estas cosas, en la soledad y el silencio de una espléndida mañana de verano siciliana.

Templo de la Victoria de Himera
Templo de la Victoria de Himera

El futuro de Hímera

Hoy día, se denomina Termini Himerese a la localidad que alberga las pocas ruinas que nos han llegado de Hímera y su sucesora, la ciudad romana de Terma (Termes). Aunque si el lugar de Terma está claro en la actualidad, el sitio de la antigua Hímera es dudoso: generalmente se la sitúa a la orilla de la desembocadura del río Fiume di Termini que más arriba toma el nombre de Fiume San Lionardo, quedando Termini a un lado e Hímera al otro. Pero es poco probable que este río sea el antiguo río Hímera, y el río correcto sería el Fiume Grande, a unos 15 km de Termini, y en concreto en el sitio de Torre di Bonfornello en la costa (cerca de la desembocadura), donde se han encontrado vasos, jarras y otros objetos antiguos así como numerosos sepulcros.

En los últimos tiempos, un apasionante descubrimiento ha vuelto a llamar la atención sobre Hímera y todo lo que representó en su época: se han hallado en una fosa común los cuerpos de miles de hoplitas griegos, y se cree que participaron en la Batalla de Hímera, puesto que sus restos han sido datados en esas fechas y todos los cadáveres son de adultos jóvenes, mostrando evidentes cicatrices y señales de muerte violenta. La basta extensión de las fosas comunes también parece apuntar a la batalla, e incluso se han encontrado al lado de los hoplitas las puntas de lanza que mataron a algunos de ellos. Todavía se están analizando los restos y se está pensando dónde y en qué formato se van a exhibir, pero no me cabe duda que cuando la exhibición esté preparada –si lo llega a estar nunca–, será del todo espectacular. Después de años leyendo historia clásica, ha de ser emocionante contemplar los restos de sus verdaderos protagonistas, aquellos que acompañaron a los héroes que nos relataron en sus crónicas los ilustres Herodoto, Tucídides y Jenofonte, entre otros. ¿No os parece?

Fosa donde se han hallado restos de hoplitas que participaron en la Batalla de Hímera
Fosa donde se han hallado restos de hoplitas que participaron en la Batalla de Hímera

Ojalá que en un futuro próximo éste y otros descubrimientos hagan que se rinda a Hímera un merecido homenaje en base a la importancia que tuvo en un pasado para nosotros demasiado remoto, y que podamos ver una restauración y presentación de los restos hallados mucho más cuidada. Mientras tanto, nos quedará el consuelo de visitar en soledad las ruinas de su Templo de la Victoria, un templo absolutamente olvidado en las rutas turísticas de Sicilia, y el único testimonio de una victoria cuyo eco se desvaneció de estas tierras mediterráneas hace ya demasiado tiempo.

Ruinas de Hímera
Ruinas de Hímera

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."
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