Hammam Al Ándalus de Madrid

Hammam Al Ándalus de Madrid

Reservar unas horas para uno mismo, desconectar de las preocupaciones diarias y entregarse a un ritual milenario protagonizado por un agua que limpia y purifica, que sana el cuerpo y la mente. El baño árabe es esta medicina, y sin embargo parece que la habíamos olvidado. Hasta ahora.

Hubo un tiempo en que los baños árabes eran protagonistas de la vida social en las ciudades y pueblos de la península ibérica. Los hammam existían por doquier, y servían una función de purificación del cuerpo pero también de la mente y el espíritu, constituyendo además un importante centro de encuentro para las civilizaciones musulmana, cristiana y judía.

El baño árabe era de planta rectangular y se dividía en tres naves: sala de vestidores, sala templada y sala caliente, comunicadas entre sí por arcos abiertos. En los techos, por lo general abovedados, se disponían claraboyas de forma octogonal y de estrellas de ocho puntas, cerradas con vidrios de color rojizo al igual que la pintura de las paredes interiores, que contribuían a aumentar la sensación de ambiente cálido y acogedor. Cuando el visitante accedía al recinto este se encontraba escrupulosamente limpio y deliciosamente perfumado con el aroma del tomillo o romero que se quemaba en los hornos contiguos.

El bañista pasaba a la primera sala en donde se desvestía, luego accedía a la sala templada y principal del hamman, saturada de vapor. Allí su cuerpo comenzaba a sudar y a eliminar toxinas al tiempo que reposaba, mientras que un masajista le proporcionaba friegas enérgicas que favorecían el proceso. La circulación sanguínea se incrementaba bajo la piel al tiempo que los poros se abrían y el sistema inmunológico se fortalecía. El cliente pasaba entonces a la sala caliente, donde era enjabonado de pies a cabeza y posteriormente limpiado con un buen chorro de agua muy caliente. Después, pasaba a una pequeña sala en donde se duchaba en agua fría, siguiendo los preceptos que ya anunciaba en el s.II el ilustre griego Galeno: “un baño posterior con agua fría refrescará el cuerpo contrayendo la piel y cerrando los poros ya limpios”. A continuación, regresaba a la sala templada a reposar y tomar nuevos masajes reactivos acompañados de aceites y perfumes. A partir de aquí, podía repetir el proceso tantas veces como quisiera. Finalmente reconfortado, el bañista se envolvía en una especie de albornoz, quedando en reposo con una sensación de ligereza, quizá charlando con los compañeros de religión, filosofía o cualquier tema de la actualidad que les incumbiera.

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Experimentando un ritual milenario en el Hammam Al Ándalus de Madrid

En mi visita anual a FITUR no quise dejar pasar la oportunidad de desconectar y acercarme al Hammam Al Ándalus de Madrid, del que había oído hablar muy bien. Inaugurado en 2003, se asienta en un aljibe centenario ubicado en pleno centro de Madrid, en el antiguo barrio árabe, actual barrio de La Almudena (antigua almudaina). Un espacio de sosiego en medio de la capital donde la antigua tradición del baño árabe vuelve a resurgir tras siglos de olvido. Este baño árabe que también encontraremos en Granada, Córdoba y Málaga es único al intentar recrear con gran fidelidad los baños árabes andalusíes medievales, con ligeras adaptaciones a los tiempos actuales.

Una vez despojado de mi ropa, me encontré en un hammam con termas de agua templada, caliente y fría, de capacidad para máximo 38 personas lo que junto a la cuidadísima ambientación consiguió que me relajara de inmediato en un ambiente de paz y tranquilidad. De hecho, eran las 18h de un jueves y no alcancé a contar más de 12 bañistas de ambos sexos —primera diferencia con los baños árabes tradicionales, donde hombres y mujeres se bañaban por turnos—. Una vez colgada la toalla y como es preceptivo, comencé por aclimatarme en las aguas tibias de la sala templada (36º), pasé a las aguas de la sala caliente (40º) y después me sumergí unos minutos en las aguas de la sala fría (18º), quizá las más regenerativas. Este sería otro de los puntos menos arabescos y más romanizados de la experiencia: mientras que los romanos se sumergían en el agua —como había hecho yo—, los islámicos consideran más apropiado y purificador el bañarse en agua que fluye, por tanto no se sumergen en termas como los primeros, sino que se duchan en agua. Pero vamos, no es algo que me importara demasiado, de lo a gusto que me encontraba ya en ese momento…

Luego vino un masaje de quince minutos para el cual elegí un aceite con esencia de lavanda (antiestresante), seguido de más baños en las diferentes salas y de varias incursiones en la sala de vapor. También hice varias paradas en la sala de reposo, donde pude servirme un delicioso té verde con menta, tantas veces como quise.

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Qué pensamientos circularon por mi cabeza durante mi estancia en el Hammam Al Ándalus, sinceramente no los recuerdo, pero sí conservo viva memoria de dos horas extremadamente placenteras y que me dejaron prácticamente como nuevo, o al menos con una sonrisa de lado a lado. Y si bien es cierto que no me puse a filosofar con los otros bañistas al acabar, al menos dejé de mirar la pantalla del móvil durante dos horas, que no es poco. Y es que las experiencias más simples no por ello han de ser menos potentes o refinadas: muchas veces son justo lo contrario. En el Hammam Al Ándalus no encontraremos ciento y un tratamientos de talasoterapia, chocolaterapia, piscinas, áreas de juego, etc. No, este baño árabe se circunscribe a una tradición milenaria en la que el vapor, los masajes y el agua en sus diferentes temperaturas están diseñados para purificar cuerpo y espíritu, ahora como antaño.


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Las imágenes que ilustran este artículo han sido cedidas por Hammam Al Ándalus.

Agradecemos a Hammam Al Ándalus Madrid el invitarnos a disfrutar de sus instalaciones. Hammam Al Ándalus en su afán por recuperar tradiciones perdidas de aquella época mítica rescata de nuestro pasado andalusí, en todo su esplendor, la magia del agua. Un espacio único en los cascos históricos de Granada, Córdoba, Madrid y Málaga, que recrea un ambiente propio de la España andalusí, cuando la península ibérica fue lugar de encuentro de las civilizaciones musulmana, cristiana y judía. Sus aguas, perfumes y decoración trasladan a los visitantes a la magia de una época donde en Andalucía existía un crisol de culturas.

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."

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