Frisia, la Holanda desconocida

Cuenta un dicho popular que Dios creó el mundo pero que los holandeses crearon Holanda. Y no parece alejarse mucho de la realidad este proverbio ancestral que refleja una metáfora de la autenticidad de una cultura como la de los Países Bajos, donde desde la costa más salvaje hasta los pintores más reconocidos a nivel mundial se dejaron seducir un día por estas singulares tierras del norte de Europa. Más allá de los ya célebres canales de la bella Ámsterdam y de los aclamados lienzos de grandes maestros como Van Gogh, Rembrandt, Vermeer o El Bosco, existe todavía una Holanda desconocida y poco frecuentada por las masas de turistas, donde lo salvaje y la aventura se mezclan aún hoy con lo romántico y lo idílico de un paisaje sin fin.

Una aventura: descubrir la costa holandesa

Empezamos nuestra ruta por la costa holandesa adentrándonos en las desconocidas tierras del norte. La primera noche la pasamos en el faro de Harlingen. ¿Había soñado usted alguna vez con dormir en un faro? Pues en Holanda esto es posible, en la única ciudad portuaria de la provincia de Frisia, donde su faro se ha restaurado totalmente para acomodar confortablemente a dos huéspedes con vistas panorámicas sobre el viejo puerto de esta ciudad costera holandesa. El rugido de las olas del mar del Norte y el suave canto de las gaviotas al amanecer convierten este lugar en una experiencia mágica y única, que sólo es posible vivir aquí en Holanda (http://www.vuurtoren-harlingen.nl/eng/index1.html).

El faro de Harlingen forma parte de una red de veinte faros situados a lo largo la costa holandesa, de los cuales dieciocho se encuentran hoy en día todavía en funcionamiento. Fue construido entre 1920 y 1922 por C. Jelsma y restaurado entre 1998 y 1999 por B. Pietersma. En la actualidad, el faro es de propiedad privada y está disponible para albergar a dos personas durante el día o la noche, contando con todo tipo de facilidades y comodidades (teléfono, televisión, equipo de música/CD, sensor de viento y velocidad y minibar).

Un destino: la isla de Texel

El segundo día de trayecto continuamos nuestro rumbo en coche hacia las islas de Frisia, conocidas por su especial flora y fauna, única de esta región. Ubicada en el noroeste de la costa holandesa, la isla de Texel es la más grande del archipiélago y cuenta hoy día con cerca de 14.000 habitantes. Se encuentra a una distancia razonable y excelentemente comunicada por tren con la capital holandesa. Un tren de línea regular une Ámsterdam con Den Helder (pregunta por un billete Waddenbiljet) y un autobús conecta la estación de tren con el embarcadero, donde un ferry de la compañía Teso, que navega desde Den Helder a Texel, nos acerca hasta la pintoresca isla. La duración del trayecto es de una media hora, y salen barcos cada hora desde Den Helder con tarifas de ida y vuelta por 4 euros (para el resto de tarifas, puedes consultar la página web de la Oficina de Turismo de Holanda.

Texel es una población pesquera que tiene unos 20 km de largo y 8 km de ancho y consta de dos islas: Texel al sur y Eierland al norte. Puede que esta zona del país consiga romper con el mito de que Holanda está hecha por los holandeses, ya que se trata de uno de los pocos rincones sin tocar por la mano del hombre, donde todavía es posible encontrarse cara a cara con la naturaleza en estado puro. Mar y arena se funden a través de unas olas salvajes que acercan el mar del Norte y el mar de Frisia hasta la costa más septentrional de este país, en el que incluso hoy encantos ocultos como este pueden sorprender al viajero más ávido de aventura y de encontrarse a sí mismo. Sus islas vecinas, Vlieland, Terschelling y Schiermonnikoog se encuentran también rodeadas de este halo de misterio aunque son más difícilmente accesibles, al existir menos barcos que las conecten con la costa holandesa.

Una ruta recomendada, si las condiciones meteorológicas lo permiten, es la de alquilarse una bicicleta – tan típicas en Holanda – y recorrer parte de la isla con este medio de locomoción, desde el puerto hasta el centro de Den Burg, donde se pueden encontrar una gran variedad de cafés, bares y restaurantes. Esta es también la mejor manera de contemplar los famosos polders – una especie de diques que poco a poco se van secando para ganar tierra en el mar a través de canales que transportan el agua desde los célebres molinos holandeses, esta técnica se utilizó por primera vez en el siglo XII – y también de visitar un paraje natural como el Nationaal Park Duinen van Texel – un santuario de aves sólo accesible caminando – o un refugio para focas heridas llegadas desde el mar de Wadden como el Ecomare. En el caso de que la lluvia inunde los caminos, siempre es posible detener el tiempo en esta isla y degustar una exquisita gastronomía holandesa acompañada por unas cervezas de la zona en un restaurante típico rodeado de bosques (Restaurant Greenland). Pasamos nuestra segunda noche en la Pensión Anna Paulovna, un bed & breakfast rural (con posibilidad de alquiler de bicis y sauna) situado en los alrededores boscosos de Texel y cerca de una de las prístinas playas de arenas blancas que rodean la isla.

Ya para finalizar nuestro divertido viaje de fin de semana, nos detenemos en la última parada: Den Helder, para recoger nuestro coche y emprender nuestro camino de regreso a la capital.

Consejo: la opción de ir a Texel por carretera – quizás más cómoda si se pretende visitar la isla en coche – se puede realizar también fácilmente desde Ámsterdam por la carretera A7 (Amsterdam-Den Oever-Den Helder) o por la A9/N9 (Alkmaar-Den Helder) a lo largo del canal del Norte y siguiendo las indicaciones de los letreros de “Texel”. Una vez en la isla, es posible visitarla en coche o en bici diseñando un itinerario a medida.

Otra posibilidad que ofrece esta ruta es realizar un viaje de 8 días por las islas de Wadden a bordo de un velero tradicional holandés, combinándolo con itinerarios en bici por las islas de Texel, Vlieland, Terschelling, Ameland y Schiermonnikoog (viajes organizados de abril a octubre). Para más información, puede consultarse la página web de Skape-eu.
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Publicado por Doris

Muchas cosas no se pueden averiguar pensando, hay que vivirlas (Michael Ende)
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