Ascendiendo al cráter La Fossa de Vulcano

Ascendiendo al cráter La Fossa de Vulcano

El volcán La Fossa de Vulcano destaca con sus formas cónicas y limpias, y podría decirse que ha sido dibujado por los trazos de la mano de un niño. Sin ser el punto más alto de la isla más joven de las Eolias –su cumbre se encuentra a 389 metros–, es claramente visible desde todo Vulcano y aunque esté durmiente desde su última gran erupción en 1890, todavía desprende humos y gases desde su enorme cráter de dos kilómetros de diámetro y 150 metros de profundidad; quizá por todo esto en la Antigüedad los griegos lo consideraban como una de las principales fraguas de Hefesto, el dios del fuego, también llamado Vulcano en la mitología romana. ¿Pudieron salir el cetro de Agamenón o la armadura de Aquiles de las entrañas de La Fossa? Qué mejor que ascender al cráter del volcán, echarle un ojo y averiguarlo.

Para ello, partiremos desde Vulcano Porto, el pequeño pueblo que se despliega alrededor del puerto de la isla Vulcano, o desde el Therasia resort como en nuestro caso. Se trata de un camino a pie de unos quince o veinte minutos hasta las faldas del volcán, perfectamente indicado mediante carteles. Allí encontraremos un poste que señala el inicio de la ascensión al volcán –gratuita– y de paso nos advierte de no respirar los humos de las fumarolas volcánicas que encontraremos en el cráter; a nuestro alrededor hallaremos pequeños matojos y lo que parece ginesta creciendo aquí y allá, buena señal de que el volcán realmente dormita.

Zig-zag en la ladera del Vulcano

Para realizar la ascensión a La Fossa hay que servirse de un poco de sentido común e ir mínimamente preparados: en días soleados de verano llevar sombrero/gorro para protegernos de las insolaciones, crema solar para hacer lo propio con las quemaduras solares, y agua para hidratarnos. Hemos de tener en cuenta que no existe ni una sola sombra en toda la ascensión a La Fossa, que junto con el descenso nos llevará al menos dos horas más el tiempo que permanezcamos arriba, así que podemos estarnos fácilmente entre 3 y 4 horas sin ningún tipo de protección ante el sol. Además, no estará de más llevar algo de ropa extra pues en la cima suele correr un fuerte viento y a poco que se nuble el sol pasaremos frío, aún en los meses cálidos. El calzado también es muy importante: idealmente que sea deportivo, cómodo y flexible, pero sobre todo lo más importante es que tenga una suela mínimamente rugosa que nos ayude a fijar nuestros pasos en un suelo muy resbaladizo por tramos.

Turistas en Vulcano

El camino, claramente visible y con fuerte pendiente desde su inicio, va siguiendo grandes diagonales en forma de zigzag. La base que pisaremos esta formada por piedras volcánicas oscuras y pequeñas en los primeros tramos, y más adelante, a partir de la tercera diagonal caminaremos por lo que parece arcilla, con numerosas –y a veces grandes– grietas provocadas por la erosión del viento y el agua. La ruta es accidentada pero no excesivamente complicada, y la ascensión al cráter de La Fossa se puede llevar a cabo en algo más de una hora si se está en buena forma. Eso sí: yo no la recomendaría para ir con niños pequeños ni para personas con vértigo, puesto que el camino siempre da por un lado hacia la ladera del volcán que se va empinando a medida que subimos, sin ninguna clase de protección y como señalaba antes con obstáculos en el suelo que en ocasiones no me parecieron nada triviales para los niños –ni para la tranquilidad de los padres–. Pero a La Fossa suben padres con niños e incluso con bebés, así que como siempre es cuestión de cada uno valorar lo más conveniente en su situación.

Ascendiendo al cráter de La Fossa Vulcano

Terreno irregular en la ascensión al cráter de La Fossa Vulcano

Pero subir al gran cráter La Fossa de Vulcano vale mucho la pena: durante todo el camino disfrutaremos de unas panorámicas extraordinarias de la isla Vulcano, el pequeño núcleo de Vulcano Porto, su puerto y los diminutos ferrys e hidroalas que transportan a la gente entre las islas, e incluso más allá veremos la imponente mole del volcán Estromboli con su cráter siempre humeante, tres veces más alto que el Vulcano y con una actividad frenética de erupciones y temblores cada treinta minutos, que lo sitúan como el volcán más activo de Europa.

Vistas de Vulcanello y Vulcano Porto desde el volcán

Una vez en lo alto de nuestro cráter La Fossa, lo circundaremos en sentido horario y nos maravillaremos contemplando un enorme cráter cuyas dimensiones reales son tan difíciles de apreciar a ojo como en fotografías. Cerca de una plataforma de observación encontraremos el sitio ideal para hacernos selfies –pero hay que hacerlos con gran precaución y prudencia–, y también podemos acercarnos hasta las fumarolas sulfurosas que afloran desde varios puntos del exterior del cráter, y que danzan con un viento siempre presente: hay que tener cuidado de no respirar estos humos tal y como nos avisaba el cartel al inicio de la ascensión, así que si queremos acercarnos a las fumarolas, mejor hacerlo cuando el viento las desplaza en dirección contraria a nuestra cara. Aquí el terreno es amarillento y emana un fuerte olor a huevos podridos; y es que el volcán de La Fossa, aunque su última erupción fue en 1888 y duró por dos años, todavía está activo –durmiente, como comentábamos– y humea constantemente.

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Gases emanando del cráter la Fossa de Vulcano

Artilugios de medición de actividad volcánica en lo alto de La Fossa Vulcano

Desde el punto más alto divisaremos el resto de las islas Eolias e incluso Sicilia, que se mostrará tenuemente en el horizonte –se encuentra a unos 25km al sur de la isla Vulcano–; y veremos la imponente mole del volcán Etna, de 3.322 metros de altura y que domina buena parte del este de Sicilia, humeante y también en constante actividad como descubrimos in situ hace unos años.

Durante el descenso, posiblemente más complicado que la subida dada la naturaleza resbaladiza de ciertos tramos del piso, es mejor tomárnoslo con calma y seguir admirando el tremendo paisaje que se despliega ante nuestros ojos en todo momento, pero sin perder atención por donde pisamos. Y una vez abajo, quizá recordaremos que el verdadero lujo reside en vivir experiencias únicas que queden bien marcadas en nuestra memoria, como sin duda lo será ésta; y como dicen que ascender al cráter del Estrómboli es todavía más impresionante, qué mejor que comenzar a soñar con nuestra siguiente aventura.

PD: Esta entrada está especialmente dedicada a Gilda y a Angelo, una maravillosa pareja milanesa con las que compartí la experiencia de ascensión a La Fossa, y que me demostraron que el positivismo y la fuerza de voluntad mueven –literalmente– montañas. ¡Los recordaré siempre!

Gilda y Angelo descendiendo La Fossa

Si queréis disfrutar de un destino de ensueño en pleno Mediterráneo, os recomendamos el Therasia resort de 4 estrellas donde nos alojamos. Tiene unas vistas increíbles sobre las islas Eolias y restauración y servicios de primer nivel. Seremos atendidos en castellano, y disponen de excursiones y planes para visitar el resto de las islas. Sin duda, un lugar a tener en cuenta para un viaje muy especial.

Continúa leyendo la serie 'Viaje a las islas Eolias'Therasia resort, una ventana al paraíso de las islas EoliasPaisajes de Vulcano  

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."
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