Calmont, el viñedo más escarpado de Europa

Alemania y cerveza van siempre de la mano. Eso es lo que creía yo en mi infinita ignorancia hasta que descubrí la región de Renania-Palatinado, territorio de vinos.

Calmont, el viñedo más escarpado de Europa
Calmont, el viñedo más escarpado de Europa

Estas fértiles tierras regadas por los ríos Mosela y Rin conforman un inmenso entorno natural en el que sus habitantes ya hace tiempo que descubrieron que no siempre hay que mirar hacia el exterior a la hora de producir y paladear un gran vino. Y no es que se trate de una novedad exactamente, ya que la tradición de la vid existía en la región del Mosela antes incluso de que los romanos importaran e impusieran sus variedades de uva. Pero sí sucede que desde hace unos años los paisanos del Rhineland han comenzado a trabajar la calidad y valorar la producción autóctona, y ahora es habitual que muchos de los más de 7.000 viticultores censados en la región organicen degustaciones de vinos.

Calmont es el viñedo más famoso de todos. Con una extensión de sólo 12 hectáreas y localizado entre los pueblos de Bremm y Eller, en unas empinadas pendientes que miran hacia un meandro del río Mosela, Calmont es también el viñedo más escarpado de Europa. Unas paredes de más de 300 metros de altura y 65º de pendiente de media, casi verticales, no son obstáculo para que se cultiven allá más de 5.000 cepas de viña de una excelente calidad. Pero por impactantes que puedan parecer estas cifras, nada nos prepara ante el espectáculo de asomarnos a sus laderas y ver cómo las cepas se multiplican pasmosamente ante nuestros ojos para caer en un descenso vertiginoso hasta las plácidas aguas del Mosela.

Calmont, el sueño de Uli Franzen

Sin embargo, a finales del siglo XX el panorama en Calmont no era tan idílico: todo este terreno estaba fragmentado entre centenares de pequeños propietarios, y aún así permanecía abandonado desde hacía décadas, ya que era muy caro trabajar la vid en unas condiciones tan duras. Fue necesaria la visión o más bien la cabezonería de Uli Franzen, un vecino de estas tierras que decidió restaurar el esplendor y el orgullo de antaño, costase lo que costase. En 2001 Uli comenzó a comprar parcelas a los herederos de varios propietarios que habían muerto, a otros que habían emigrado o incluso a aquellos que ni sabían que les pertenecían; y para su sorpresa, en cuestión de cuatro años ya poseía las 12 hectáreas de Calmont. En 2002 comenzó la árdua tarea de limpiar las malas hierbas y arrancar las raíces viejas, un ingrato y duro trabajo que se llevó la mayor parte del año. Después vinieron la instalación de varios monoraíles y la fijación de miles de cepas de uva de tipo Riesling.

Todo este proceso se tuvo que hacer a mano, ya que no se puede usar maquinaria en pendientes tan pronunciadas. Sin embargo, la perseverancia tuvo su recompensa, ya que el emplazamiento es privilegiado para producir algunos de los mejores vinos del Mosela: la montaña de 300 metros de altura en donde está situado Calmont protege sus cultivos de los fríos vientos del norte. El sol incide en el ángulo más adecuado, y el suelo está compuesto en un 60% por roca, es duro de trabajar pero sin embargo aporta ricos nutrientes en formas de minerales, y ayuda a subir rápidamente la temperatura del suelo con los primeros rayos de sol. Las aguas del Mosela también son muy beneficiosas para la uva de Calmont, y el clima suave y la latitud hacen el resto.

Recuerdos de Uli Franzen
Recuerdos de Uli Franzen

En 2004 se obtuvo la primera cosecha y con ella comenzó la leyenda del viñedo de Calmont. Sin embargo, esta parecía destinada a ser efímera, ya que en 2010 Uli sufrió un mortal accidente al caer del tractor mientras trabajaba en otro viñedo vecino, y el sueño parecía que había de tocar abruptamente a su fin. No obstante, el hijo de Uli Franzen y su novia Angelina estudiaban enología en la universidad por aquel entonces, y el destino quiso que tuvieran que abreviar sus carreras para recoger las riendas del negocio de Calmont.

Una nueva generación de viticultores

Toda esta historia me la cuenta Angelina mientras me muestra Calmont en una soleada mañana de mayo. Con 20 añitos, sorprende ver el aplomo con el que ella y su novio manejan un negocio complicado en todos los sentidos. El pequeño milagro lo obran la soltura, la vitalidad y la ilusión de quienes saben perfectamente a qué van a dedicar el resto de sus vidas. Hace pocos días que han acabado de preparar las cepas para la cosecha de este año, y se ayudan de 6 aguerridos mozos en un trabajo extenuante que se hace siempre desde la base hacia lo más alto de las escarpadas laderas, de manera manual, sin atajos. Angelina me explica que es una labor de muchas, muchas horas, cosa que puedo comprender viendo la vasta extensión de terreno que hay que cubrir. — El invierno es largo en la región del Mosela, y no hay mucho más que hacer por aquí, me dice con una sonrisa. A pesar de la precariedad de la posición que hay que adoptar en el trabajo durante largas horas, hasta ahora no ha habido grandes accidentes en Calmont, a lo sumo algunos arañazos aquí y allá.

En noviembre tocará recoger la uva, y entonces estos jóvenes empresarios se habrán de acompañar de 15 ayudantes, normalmente estudiantes, ya que el tiempo de recogida es breve. Pero el éxito del viñedo de Calmont no sólo reside en poner dosis de ilusión, determinación y fuerza bruta: los estudios y la innovación también influyen en un sector híper competitivo en el que los viejos viticultores siguen a rajatabla las técnicas que les enseñaron sus padres y abuelos, y no quieren saber de novedades. No es el caso de los jóvenes viticultores, que están rompiendo con la tradición y experimentando con nuevas técnicas de producción de vino, se reúnen entre ellos y con otros colegas europeos y las comparten.

No me quiero ir de Calmont sin hacer una foto a Angelina; mi primera idea es decirle que pose imaginando cómo cree que será el viñedo en el futuro, para conseguir retratarla con la mirada ilusionada y confiada.

Angeline Lenz en Calmont
Angeline Lenz en Calmont

Pero luego pienso que Angelina sigue siendo una chiquilla de 20 años… Así que descarto la idea y opto por no indicarle nada, obteniendo una pose juvenil y desenfadada.

Podéis conocer el viñedo de Calmont contactando directamente con sus dueños, que os recibirán con la mejor de sus sonrisas y os prepararán una cata de vinos más una breve excursión por las viñas más escarpadas de Europa.

FRANZEN
Weingut Reinhold Franzen
Angelina Lenz
Gartenstrasse 14,Bremm/Mosel
Info@weingut-franzen.de — www.weingut-franzen.de

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Este post ha sido posible gracias a la inestimable colaboración de la Oficina de Turismo de Renania-Palatinado.

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#alemania#Europa#gastronomía#vino

Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."
1 comentario
  • […] Uno de los tramos más pintorescos del Mosela se encuentra en Alemania donde el río serpentea dando innumerables giros en un espectacular  valle con laderas plantadas de viñedos inclinados y salpicados de pueblecitos, castillos y palacios. Es una de las mayores regiones viticultoras, con más de 5.300 hectáreas. Se producen vinos blancos secos de los que el más famoso es el riesling. Otras denominaciones de origen son igualmente famosas: Mosella-Sarre-Ruwer. Al final, por supuesto, no hay que perder la oportunidad de visitar el viñedo más escarpado de Europa (Calmont). […]

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