Bobby, el Hachiko escocés

Bobby es toda una celebridad en Edimburgo (Escocia), no os penséis, y seguro que muchos de vosotros habréis escuchado o leído algo sobre él, pero no era mi caso. Por casualidad en cambio, sí conocía la historia de Hachiko, el famoso perro japonés que emocionó a todo un país en el que no es habitual mostrar sus sentimientos.

Al igual que Bobby en el siglo XIX, Hachiko se haría famoso ya a mediados del siglo XX, por su lealtad hacia su dueño. Con casi un siglo de por medio y cada uno en un extremo del mundo han conseguido pasar a la historia por una constancia que supera todos los límites del razonamiento humano, quizá por eso se suele decir que los perros son el mejor amigo del hombre y no al revés.

Estatua de Bobby, frente a la iglesia de Greyfriars
Estatua de Bobby, frente a la iglesia de Greyfriars

Bobby y Hachiko, dos héroes nacionales

La historia de Bobby comenzaba alrededor del año 1850 en Edimburgo, cuando este skye terrier fue adoptado por la familia de John Grey y comenzó a acompañar al vigilante nocturno en sus rondas por las calles de la ciudad escocesa. Viendo su estatua y algunas reproducciones de la época, comprobamos que Bobby no ejercía exactamente el papel de un perro de seguridad y la protección que ofrecía a su dueño era más bien compañía y eso sí, mucha tenacidad.

Siglos más tarde, Hachiko también encontraba un nuevo dueño, el profesor Eisaburo Ueno, profesor de la Universidad de Tokyo. Cada día, este también lo acompañaba a su trabajo, pero los tiempos habían cambiado y una gran ciudad japonesa no le permitía llegar hasta su destino, y tenía que conformarse con dejarlo en la Estación de Shibuya y esperar allí hasta la tarde, cuando el profesor regresaba a su casa, y recibirlo en la misma boca del metro.

Hachiko era un perro de la raza akita
Hachiko era un perro de la raza akita

Como ya os estaréis imaginando, la tragedia planea sobre ambas historias. En 1858 fallecía de tuberculosis John Grey y era enterrado en el cementerio de la iglesia de Greyfriars. En Tokyo, transcurría el mes de mayo de 1925, y Hachiko como cada día, acompañaba al profesor Ueno hasta la entrada de la estación de Shibuya y lo despedía, sin sospechar que ese día sería diferente a los demás. Eisaburo falleció de una hemorragia cerebral en la Universidad y no regresó.

Durante los siguientes 14 años, no importaba si llovía, nevaba o soplaba el fuerte viento que suele silbar por las calles de Edimburgo en cualquier época del año, Bobby no volvió alejarse de la iglesia donde había visto por última vez a su dueño. Los vecinos, sorprendidos ante esta muestra de lealtad intentaron hacer un poco más fácil la vida de nuestro sacrificado héroe, dándole alimento y construyendo un refugio junto a la iglesia.

A muchos kilómetros de distancia y en medio del Pacífico, Hachiko tomaría una determinación similar años más tarde, regresando cada día a la Estación de Shibuya, y sentándose a esperar dónde solía hacerlo, el regreso de su dueño. Esta rutina no cambió durante los 10 años que vivió, convirtiéndose así en una figura querida y respetada en el barrio.

Reproducción de la época de Bobby
Reproducción de la época de Bobby

En 1872, el diario The Scotsman de Edimburgo publicaba la noticia de la muerte de Bobby. El perro había permanecido durante ¡14 años juntos a la tumba de su amo! Durante este tiempo, era tal el cariño que había despertado entre sus vecinos, que Sir William Chambers hasta pagó una licencia a Bobby y una placa de bronce (se puede ver en el Museo de Edimburgo), para salvarlo de una normativa que obligaba a identificar a los perros que deambulaban por las calles de Edimburgo y sacrificar a los que no tuvieran dueño.
Tras su muerte, la Baronesa Angela Georgina Burdett-Coutts encargó a un artista una escultura de Bobby que se colocó frente a la iglesia de Greyfriars.

En 1934 moría nuestro amigo nipón Hachiko, y adivinad dónde… Su cuerpo fue encontrado frente a la estación de Shibuya, tras esperar casi diez años a que su dueño regresara.

Como Bobby, Hachiko fue enterrado en una caseta de piedra junto a la tumba de su año, aunque la historia debió enternecer a algún taxidermista, y tras ser restaurado y disecado, su cuerpo fue expuesto en el Museo de Ciencias Naturales del distrito Tokiota de Ueno.

Frente a Shibuya, se puede ver una segunda réplica de la estatua original de Hachiko que al ser construida en bronce en 1934, también sufrió los estragos de la Segunda Guerra Mundia, siendo fundida para otros menesteres.

Lápida en honor a Bobby en el cementerio de Greyfriars
Lápida en honor a Bobby en el cementerio de Greyfriars

La historia de Bobby se ha convertido no sólo en uno de los monumentos más visitados de la ciudad escocesa, sino que también inspiró una novela de Eleanor Atkinson, que daría después el salto a la gran pantalla producida por los estudios Disney bajo el título Greyfriars’Boby.

El perro japonés más famoso también tuvo su momento de gloria cinematográfico, con la película Hachikō monogatari (1987), que en 2009 tuvo su remake estadounidense con Richard Gere como protagonista en el título Siempre a tu lado. Hachiko (Hachiko: A dog’s story).

Cuando viajéis a Edimburgo, no os olvidéis de hacerle una visita a Bobby, que además sigue recibiendo el cariño de sus conciudadanos, que a veces los ambientan según sea Halloween o Navidad.

Bobby en Halloween @3viajes
Bobby en Halloween @3viajes

Y si viajáis a Japón en primavera, recordad que el 8 de marzo se recuerda a Hachiko en la plaza que está frente a la estación de tren de Shibuya.
sidebar:ciudad:edimburgo

#asia#edimburgo#escocia#Europa#Japón#monumentos#tokyo

Publicado por Silvia

Antes viajaba para ver en los demás la parte diferente; ahora viajo para conocer en qué nos parecemos. Javier Reverte. Viajero y escritor
3 comentarios
  • ¡Cierto! Vimos la estatua antes de ir a flipar con los cosplay de Shibuya, una tarde interesante… Hay tanta gente, que cuesta ver la estatua 🙂

  • Preciosa historia, sin ninguna duda. Esto nos demuestra lo fieles que son los perros a sus amos, y todo el cariño que dan estos compañeros.
    Tuve la oportunidad de ir a ver la estatua de Hachiko en Shibuya, y me recordó la inolvidable película de Richard Gere. Hace que te des cuenta lo que realmente importa, el cariño que te demuestran esos seres, los perros y que son leales hasta el fin de los días…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *