Viaje de negocios a Stuttgart

Viaje de negocios a Stuttgart

Me encontraba cenando en la terraza de un restaurante del antiguo barrio rojo de Stuttgart junto con tres jóvenes alemanes de quienes apenas conocía sus nombres, aunque dos de ellos me habían contratado recientemente para una nueva startup alemana con sede en Barcelona. Les miraba y me preguntaba, ¿cómo había llegado a esa situación?

La razón principal es que vamos a intentar revolucionar el mercado de la compra-venta de maquinaria industrial y por eso nos hallábamos ese día en Stuttgart, uno de los epicentros de esta industria en Europa y en donde se celebraba en esas fechas una de las mayores ferias del sector del metal en el mundo (AMB). Nada mejor que conocer de primera mano el producto que surtirá a nuestra e-commerce, y ese día recorrí varios kilómetros a lo largo de doce enormes pabellones repletos de maquinaria y robots sofisticadísimos, capaces de cortar y dar forma a todo tipo de metales con precisión metrológica; brazos articulados dotados con herramientas de corte con punta de diamante que limaban una y otra vez bloques enteros de metal hasta conseguir la forma perfecta. Herramientas que en su conjunto sumaban miles de millones de euros y que crean las piezas de tantos productos que usamos en nuestro día a día aunque no las veamos. Descubrí una industria con una enorme potencia y dinamismo, en una feria donde profesionales y estudiantes compartían espacio por igual entre fresadoras, tornos y centenares de maquinas y tecnologías cuyo funcionamiento no entendía; pero me fijaba en las personas y creía comprender porqué el sector goza de tan buena salud allí, porqué la industria es una pasión y una forma de ser y una filosofía de vida en Alemania, un motor que hace que el país siga liderando mercados enteros a nivel mundial.

En este viaje a Stuttgart me acompañaba una cámara analógica elaborada en una fábrica cercana a Fráncfort (concretamente en la ciudad de Wetzlar), con una calidad de materiales y acabados que ya sólo unas pocas marcas se atreven a seguir produciendo y que había sido fabricada con los mismos materiales y procesos que veía aquí: era una Leica MP que nunca va a quedar obsoleta pues ya lo estaba desde el mismo instante en que salió de la fábrica hace diez años, ensamblada y revisada como las cámaras que antaño adquirían los fotógrafos tras una fuerte inversión económica, sí, pero con la seguridad de que les iba a acompañar durante toda su carrera. Con esa Leica de tacto soberbio y ejecución precisa tomé las fotos en película blanco y negro que acompañan a este post. He de decir que hoy ya no la conservo, pero a cambio uso una Leica M2 plateada del año 1958 que funciona igual de bien…

Una tarde en Stuttgart

Esa misma tarde habíamos estado tomando unas cervezas en la terraza Waranga (Kleiner Schloßplatz, 13-15), un animado pub adyacente a la inmensa Schlossplatz, el corazón de Stuttgart y con vistas al Neues Schloss (castillo nuevo) y al Altes Schloss (castillo viejo). Quienes hayáis visitado Stuttgart quizá coincidiréis conmigo en que se trata de una de las plazas más bellas de Europa… Había gente por todas partes, pues además a pocos metros se encuentran las calles comerciales más concurridas de la capital del estado alemán de Baden-Wutenberg; el sol lucía radiante y el ambiente era alegre y distendido como en las otras ocasiones en que había visitado la ciudad; aquellos que no saben de la cultura de terraceo de los alemanes es porque no han viajado todavía a ninguna de sus ciudades…

Nos acompañaba un amigo y nativo de estas tierras que se conocía su ciudad como la palma de la mano. Lo observaba y lo veía tan elegante y sofisticado como la región que lo había visto nacer y formarse como un joven inteligente, culto y próspero. Las cervezas nos habían abierto el apetito y nuestro amigo stuttgartense nos sugirió ir por las calles más antiguas de la ciudad, en lo que se conoce como el distrito rojo de Stuttgart. Transitamos por Leonhardstrasse donde se encuentran varios de esos clubs de dudosa reputación, y llegamos al restaurante Burhans Murrhardter Hof (Wilhelmsplatz, 6), sencillo pero muy popular entre los locales pues sirve platos de pasta regionales que le han granjeado premios a nivel nacional a su dueño de origen turco, Burhan Sabanoglu.

La Maultaschen es una especialidad de pasta rellena originaria de Alemania –una suerte de raviolis abiertos– a veces acompañada de caldo, que es típica de la región de Suabia. Existen varias leyendas acerca del origen de este plato alemán. Una de ellas explica que un monasterio cisterciense denominado Monasterio de Maulbronn comenzó la fea costumbre de ocultar la carne entre capas de pasta durante la época de Cuaresma, dando origen a un plato que ya desde los inicios debió de ser muy popular, aunque los monjes lo denominaran de forma coloquial Herrgottsbscheißerle (engaño a Dios). Otra explicación habla de un origen del plato humilde y que parte de unos ingredientes que vendrían de ser sobras de anteriores comidas, pero en cualquier caso hoy en día Maultaschen es un plato local muy apreciado en Stuttgart.

Humildes fueron también los comienzos de Burhan Sabanoglu (71), quien se trasladó de Turquía a Stuttgart en 1970 con lo puesto; sin una palabra de alemán, tenía claro que su tabla de salvación había de ser su profesión de cocinero, que había ejercido por ejemplo en el Hilton de Estambul. Burhan comenzó en pequeños puestos de comida en estaciones de tren, “era bien recibido en todas partes” le gusta explicar, y tras un año se encontraba integrado en su nueva casa; y uno que no quisiera pensar que tiempos pasados fueron mejores, encuentra ciertas dificultades en no hacerlo cuando reflexiona sobre lo que está pasando con la demonización de la inmigración en el mundo… En los 70 del siglo pasado parece que la cosa funcionaba de otra manera, y el señor Burhan se especializó en los platos locales de Suabia (Rostbraten, Gaisburger march, Kässpätzle, Maultaschen), y poco a poco comenzó a ser reconocido en Stuttgart. Dicen que hoy en día los mejores platos de pasta regional se sirven en su restaurante Burhans Murrhardter Hof, ahora regentado por su hijo Fuat.

En este restaurante me hallaba precisamente disfrutando de una espléndida cena, rodeado de mis comensales alemanes con quienes hablaba sobre todo y sobre nada en particular, disfrutando de su compañía y de su ilusión por comerse el mundo, agradeciendo para adentro las oportunidades que me brinda la vida, sabiendo a estas alturas de la película que hay que aprovechar los momentos y no darle demasiadas vueltas a las cosas por curiosas que resulten, confiando en la serendipia y creyendo a pie juntillas en una expresión muy alemana: ‘Alles gut!’, que significa que todo va a salir bien.

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."

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