Pequeñas reflexiones sobre fotografía de viajes, personas y paisajes

Pequeñas reflexiones sobre fotografía de viajes, personas y paisajes

Tenía ante mí otro atardecer glorioso desde la atalaya del Therasia Resort, y andaba buscando una foto interesante que lo reflejara; pero las fotos de paisajes sin personas no me transmiten demasiado: necesito mis protagonistas humanos y expresar a través de ellos y de sus gestos, sus posturas y emociones, porque empatizo más con la escena y creo que los demás también. Tenía ante mí este grupo de turistas ingleses tan elegantes, tres parejas maduras con sus cócteles en mano, radiantes, parecían unos buenos amigos disfrutando de un viaje idílico a las islas Eolias y andaban enzarzados en esos momentos en una conversación distendida, lo estaban pasando en grande. No era de extrañar: de vacaciones, con la silueta del volcán Estromboli recortada en la lejanía, las aguas tranquilas del mar Tirreno ocupando todo el ángulo de visión, la isla de Lipari a un kilómetro de distancia con sus riscos salpicados de viñedos y algunas casas blancas agazapadas en el paisaje agreste y volcánico. Además, la hora dorada estaba cediendo paso a la hora azul en una tarde mediterránea de cielos despejados en la que sólo se oía el viento y el leve rumor de las conversaciones de los huéspedes del resort.

Les estuve rondando durante un rato, quería incluirles en un paisaje de atardecer con las islas Eolias recortadas al fondo, y un pequeño barco de vela me daba una oportunidad de incluir un elemento interesante en otro plano de la fotografía. Me acerqué con aire despistado y levanté la cámara varias veces, buscaba algo de contacto visual con alguno de los protagonistas, clic; en ese momento uno de los señores me preguntó si les había hecho una foto, “not yet” le contesté con una sonrisa que si hubiéramos estado a más corta distancia, quizá habría adivinado algo pícara: pues evidentemente que sí, ya les había hecho la foto –la que encabeza este post–. Y es que normalmente intento ser discreto a la hora de tomar fotos a extraños, pero al mismo tiempo no me lo pienso dos veces si no puede ser y la oportunidad se escapa. Entonces intento ser muy rápido disparando y la mayoría de las veces paso totalmente desapercibido, y cuando alguien me pregunta como en esta ocasión, un aire de turista despistado junto con una sonrisa franca y abierta normalmente operan milagros. Supongo que el hecho utilizar cámaras no réflex pequeñas también contribuye a darme el aspecto de fotógrafo amateur e inofensivo que realmente soy.

En cualquier caso, habíamos intercambiado aquellas palabras y ellos estaban tan felices y hacían tan buen grupo que aproveché la circunstancia para proponerles tomarles una foto, si querían, y en caso afirmativo les daría mi tarjeta de visita y se la enviaría si me contactaban por e-mail.

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Así hicimos, los amigos posaron para mí en una foto para el recuerdo, de esas que con suerte despiertan memorias y emociones de grandes momentos pasados; a las que recurres cuando buscas escapar de un presente que no es tan feliz, para coger fuerzas, de esas que te tropiezas con ellas cada varios años por casualidad, y que te provocan una sonrisa –o melancolía, si ya no puedes compartir más momentos con algunas de aquellas personas–. Un buen recuerdo del viaje, con connotaciones personales.

Una vez tomada la foto nos dijimos adiós cordialmente, y yo seguí buscando escenas que me ayudaran a completar los textos de mis artículos tras el blogtrip. Y de entre todas las fotos que tomé desde las terrazas del Therasia resort, que fueron muchas hipnotizado por sus gloriosos atardeceres, cuando revelé los carretes las que más me interesaban, efectivamente, eran las que incluían personas.

Los británicos tardaron tres semanas en contactarme, probablemente siguieron disfrutando de más islas mediterráneas. Por entonces ya hacía tiempo que había comenzado a publicar mi serie de artículos sobre el viaje a las islas Eolias y el Therasia resort, y una de ellas había aparecido precisamente en aquella entrada. Les contesté al email que por supuesto, que les enviaba la foto de grupo tal y como habíamos quedado, y que si no decían lo contrario, quizá la usaría para usos periodísticos, pero que si lo preferían la podía borrar e incluso destruir el negativo.

No me contestaron: simplemente querían su foto de amigos disfrutando del viaje, una de varias que transmitieran aquellos días tan felices que vivieron juntos en la isla Vulcano y en las terrazas del Therasia Resort; probablemente se la enviarían por Whatsapp unos a otros, se responderían con smileys y la guardarían con cariño en sus móviles (porque hoy en día nadie imprimimos ya nuestras fotos, ¿verdad?). Quien sabe cuál será la vida útil de esa foto.

Y como suele pasar, las cosas al final acaban siendo más simples de lo que uno cree.

Continúa leyendo la serie 'Viaje a las islas Eolias'Therasia resort, una ventana al paraíso de las islas Eolias  

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."
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