Primeras impresiones de Amsterdam

Primeras impresiones de Amsterdam

Nunca había viajado a Amsterdam y no recordaba el porqué, pero intuía una cierta desgana por mi parte de conocer la ciudad de las bicicletas y los canales, el cannabis y Ana Frank; indiferencia que curiosamente se esfumó por completo en cuanto recibí una invitación para asistir a un evento de la cadena de residencias The Student Hotel, alojándome en su hotel insignia ubicado en la capital de Holanda. Y tras el viaje todavía no puedo decir que me haya enamorado de Amsterdam, pero sí que reconozco que tiene… muchos y variados atractivos.

Mi fin de semana en Amsterdam arrancó con un gran evento de presentación de TSH en el hotel Amsterdam City, después vino una entrevista a la estudiante y residente Cristina Bonillo, más tarde visité el nuevo espacio de co-working de TSH y ya por la noche pude pasear por el centro de la ciudad y visitar su famoso Barrio Rojo. El sábado me patee los canales de Amsterdam tranquilamente, vi atardecer desde las fantásticas vistas de la terraza del Hilton Amsterdam*, y por la noche volví de nuevo al Barrio Rojo a documentar para mi artículo. El domingo pude disfrutar como un enano visitando el Museo de Fotografía (FOAM) de Amsterdam, y por fin vi salir el sol en los canales de esta tranquila, inteligente y culta capital europea antes de decirle adiós.

Amsterdam es una ciudad para descubrirla a pie o en bici, todo el mundo lo sabe; yo escogí mis pies y un poco de metro, y los primeros me llevaron de paseo por los canales que recorren su centro de manera semicircular, donde podría haber contado los puentes que los atraviesan –quizá sus puntos más fotogénicos–, la variedad de casas de fachadas inclinadas hacia delante y con enormes ventanales que no dejan espacio al ladrillo, tan elegantes, los pequeños cafés y los comercios de escaparates provocativos a pie de calle; también me plantaron delante de las casas para contemplar la total ausencia de cortinas fruto de la aparente falta de pudor hacia su intimidad de los holandeses, que hace que recorrer estas calles y observar el sobrio y sofisticado interior de las viviendas suponga un ejercicio en sí fascinante.

Barcos en los canales de Amsterdam

Además, están los múltiples barcos-vivienda aparcados en los canales de Amsterdam, flotando en sus aguas oscuras y ponzoñosas, sucias, y por supuesto los centenares de miles de bicis estacionadas –o tiradas, amontonadas– en cualquier rincón de la ciudad; incluso se dice que cientos de estas bicis acaban cada año sumergidas en las aguas de los canales de Amsterdam, y unos barcos han de recogerlas con cierta frencuencia. También me llamó la atención la escasa densidad de navegación de estos canales comparado con los de otras venecias como Brujas, Gante o por supuesto Venecia. Pero si la Venecia superlativa e italiana me emociona e intriga con sus callejuelas retorcidas y pequeñas plazas escondidas por doquier, y me fascina con sus exultantes manifestaciones de poder religioso y económico pasados, la holandesa me resulta en comparación insulsa, fría, monótona y repetitiva.

El dominio de las bicis en toda la ciudad es evidente y absolutamente aplastante, casi dictatorial, y también destacan la tranquilidad y el relativo silencio que se respira en todo Amsterdam, incluído el Barrio Rojo. El centro histórico es relativamente pequeño, y se puede recorrer de norte a sur en apenas media hora a pie: pero como sus famosos canales tienen forma circular y paralela entre sí, me dieron la sensación de ser más extensos y pude recorrerlos durante varias horas siguiendo esta circularidad. Descubrí que el punto neurálgico de los transportes se encuentra en esta parte norte de la ciudad, en la enorme Amsterdam Centraal que está tocando con el mar: fue el punto de parada obligatorio para entrar y salir de Amsterdam. Apunté de paso que en 2017 el billete único para recorrer Amsterdam en transporte público cuesta 3€, el de 24h son 7,5€ y el de 48h se puede adquirir por 12,5€.

El Museo de Ana Frank es uno de los grandes ganchos turísticos de la ciudad y comprobé que es uno de los pocos puntos que siempre registran colas de entrada, también los famosos museos de pintures flamencos: junto con el bullicio del Barrio Rojo, me recordó por unos momentos que Amsterdam es una de las ciudades más turísticas de Europa, aunque esto no siempre se manifieste de manera contundente.

Amsterdam me pareció una ciudad distinguida y culta, multicultural, esto creo que es innegable y ya lo aprecié desde el momento en que pisé sus calles. También vi potencia económica, aunque dicen que Rotterdam e incluso La Haya son actualmente más fuertes en este sentido; pero algo debe quedar de una herencia que se comenzó a gestar en el siglo XVI y que convirtió a Amsterdam en el centro financiero y comercial mundial en su día. Más adelante vino la ciudad moderna, desacomplejada y trasgresora con esos locales sórdidos, los coffee shops, los sex shops y las tiendas de disfraces y juguetes sexuales… Lugares donde los turistas nos congregamos y nos hacemos notar, estos también son elementos característicos y últimamente turísticos de Amsterdam.

Pero me costó conectar y me sigue resultando difícil articular una opinión sobre Amsterdam ya que reconozco que mi experiencia en la capital holandesa es pobre; aún así, hay sensaciones que quedan, y apenas 48 horas condensadas en unas pocas imágenes: la normalidad sobrecogedora de su distrito rojo, la aparente falta de alegría en sus calles, una cierta tranquilidad y calma que transpira la ciudad durante el día: ¿me pregunto si serán todas ellas sólo una primera impresión superficial y errónea de Amsterdam?

* Se trata de la terraza del bar Skyline del Hilton Amsterdam; un café cuesta 7€, pero con vistas increíbles de Amsterdam, especialmente al atardecer.

En esta visita a Amsterdam me alojé en The Student Hotel, un fantástico hotel ubicado a 3 paradas de metro del centro de Amsterdam y que aúna un ambiente estudiantil con una amplia gama de servicios para el cliente turista. Podéis saber más del hotel y de la experiencia de irse a vivir a Amsterdam –y residir en él– en esta entrevista.

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."

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