El mausoleo del emperador Nintoku

El mausoleo más grande del mundo se encuentra en la ciudad japonesa de Sakai, al sureste de Osaka. La mayoría de los turistas que llegan a Japón a través del Aeropuerto Internacional de Kansai van directamente a Kyoto u Osaka, sin saber que muy cerquita del aeropuerto existe una interesante ciudad rica en historia y cultura: Sakai.

En Sakai se conservan casi un centenar de túmulos funerarios que evidencian que Japón fue gobernado por poderosos reyes y emperadores a principios de nuestra Era. Estos grandes Señores aparecen referenciados en los antiguos libros de historia de China y en las crónicas Kojiki y Nihonshoki, pero también se encuentran anexos a sus magníficas tumbas multitud de pequeños montículos-mausoleos de nobles que en su día conformaron la flor y nata de la sociedad medieval japonesa.

Los Kofun, o grandes montículos funerarios, aparecieron en el siglo III y continuaron construyéndose hasta el siglo VII en todo el Japón. Este hecho es tan característico y definitorio de la cultura japonesa que toda esta época es denominada el Período Kofun. Fue el tiempo donde surgieron los grandes monarcas japoneses, poderosos señores de la guerra que conquistaron pueblo tras pueblo y que serían más tarde los emperadores de una nación unificada. No se conservan tantos montículos funerarios en la actualidad como los que existieron en su día, ya que algunos se derrumbaron con el paso del tiempo y otros muchos se perdieron debido a los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial.

Se da la circunstancia que varios de los montículos funerarios de Sakai tienen la forma denominada Zenpô kôen-fun (cerradura con ojo de llave), hecho único y característico de las tumbas funerarias antiguas de Japón y que no se halla en ninguna otra parte del mundo.

La tumba más grande del mundo

La tumba más grande de todas guarda los restos del Emperador Nintoku. Éste mausoleo es de proporciones gigantescas —se trata de la tumba más grande jamás construida en la Historia–. Tiene 486 metros de largo y 464.124 m2 de superficie, superando en superficie a la Gran Pirámide del Rey Kufu (Keops) en Egipto y también al Mausoleo del Primer Emperador de China, Qin Shihuang, dinastía Qin.

Se estima que Japón tenía en el siglo V una población de unos cinco o seis millones de habitantes. Para la construcción del mausoleo del Emperador Nintoku se cree que se transportaron 2.000.000 de metros cúbicos de tierra, equivalentes a la carga transportada por 720.000 camiones de diez toneladas actuales. Si dos mil personas hubieran trabajado diariamente en la construcción del Mausoleo de Nintoku, hubieran tardado entre quince y veinte años en completar las obras.

El emperador Nintoku

Nintoku (仁徳天皇,, Nintoku-tennō) fue el dieciseisavo emperador de Japón, según los registros tradicionales históricos que se conservan. Aparte de esta cifra contrastada, el resto de los datos que tienen que ver con la vida y obras de este emperador son muy difíciles de probar, y prácticamente se han perdido en el tiempo. No se sabe su fecha de nacimiento aproximada, ni cuánto tiempo vivió o reinó. Se considera que reinó en las islas japonesas a finales del siglo IV o principios del V dC, pero no se ha encontrado suficiente material que lo confirme.

Según una leyenda, Nintoku quería que su hermano ocupara su puesto en el trono, así que rehusó convertirse en emperador durante unos tres años. Su hermano tampoco quería reinar, y se dice que decidió suicidarse para que Nintoku asumiera finalmente sus responsabilidades.

Otra leyenda cuenta cómo el emperador Nintoku una vez observó sus dominios desde una torre muy alta, y se dió cuenta que no salía humo de ninguna de las casas que alcanzaba a ver con la vista. El emperador lo achacó a que su gente era tan pobre que no tenía ni arroz que hervir, así que usó toda la riqueza de su palacio para proveer de comida a la gente pobre de Japón. El palacio quedó desvestido y medio en ruinas, pero la situación de sus súbditos mejoró. Cuando la emperatriz le preguntó cómo se había permitido dejar en la absoluta pobreza y miseria el palacio real, Nintoku respondió que un emperador es tan pobre o rico como sus súbditos, por lo que al mejorar la situación de éstos, había mejorado también la suya propia.

Se supone que los restos del emperador Nintoku yacen bajo el gran mausoleo de su mismo nombre, en la isla con forma de cerrojo de llave. Nadie lo ha comprobado todavía. Si es así, Nintoku puede presumir de tener la tumba más grande jamás construída.

Cómo llegar al Mausoleo del Emperador Nintoku

Una manera fácil de llegar es ir a las estaciones de trenes Tenno-ji o Namba Station, coger el tren dirección JR Hanwa y bajar en la estación Mozu (unos 30 minutos de trayecto). Otras estaciones que se encuentran a 50 minutos son las de Shin-Osaka Station y Kansai International Airport. Una vez llegados a la estación de Mozu de Sakai, nos quedan sólo cinco minutos caminando para llegar al mausoleo.

Paseando alrededor de tierras sagradas

El gigantesco monumento funerario está rodeado por tres fosos y cubierto de pinos, cedros y cipreses. Podemos caminar alrededor del perímetro exterior del mausoleo de Nintoku para hacernos una idea de sus dimensiones, pero no nos está permitido el acceso. Ni siquiera los arqueólogos tienen permiso para entrar en un área que es considerada sagrada en Japón. Lo mismo sucede con el resto de las tumbas imperiales. Estos mausoleos se encuentra actualmente bajo el ciudado de la Agencia de la Casa Imperial, que se encarga de gestionar todo lo relacionado con la corona japonesa.

Según esta agencia las tumbas son más que un mero repositorio de artefactos históricos; son sitios sagrados, santuarios donde descansan los espíritus de los ancestros de la Casa Imperial japonesa.

Quizá pueda parecer poco atractivo hacer un viaje para visitar expresamente este monumento y que una vez allí tengamos prohibido el acceso al mismo. Pero lo que no puede disfrutarse con los sentidos, se puede disfrutar con la imaginación. A mí personalmente me valdría más que la pena pasear por los alrededores del mausoleo y hacerme con sus gigantescas dimensiones, e imaginar durante el paseo cómo debió ser y cuánto poder debió de poseer un hombre que pudo ordenar construir semejante tumba. Es seguro que miles de obreros trabajaron sin descanso durante gran parte de su reinado, debió de ser un espectáculo formidable –quizá terrible también– el asistir a su construcción.

También podemos dejar volar la imaginación pensando en las estancias y tesoros que allí se albergan, a oscuras y en completo silencio, mientras paseamos y oímos los sonidos de la naturaleza que ha crecido por sobre de la antigua tumba, que la aisla y la hace aún más enigmática e interesante.
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#Historia#Japón#santuario

Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."
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