El Cerro Rico de Potosí

El Cerro Rico de Potosí, de Bolivia, se levanta cada mañana más pequeño. El rojo, ocre, marrón y plata se escapa por sus poros después de siglos de heridas mortales. Cada vez más lejos del sol y más cerca del fuego de las profundidades, la montaña que dio a conocer a Potosí en el mundo entero y arrastró a sus gentes a una pesadilla de túneles, pasadizos y esclavitud, sigue dominando la ciudad, pero cada día un poco más pequeña.

La ciudad se despierta temprano. Apenas se ven las primeras luces a sus 4.067 metros de altitud cuando sus habitantes, acostumbrados al racionamiento de oxígeno, ponen en marcha un nuevo día, para muchos de ellos en las profundidades del Sumaj Orcko o cerro hermoso.

Calle de Potosí con el Cerro Rico al fondo @3viajes
Calle de Potosí con el Cerro Rico al fondo @3viajes

Potosí ha logrado superar siglos de expolio, de esclavitud y luego de depresión y miseria para resurgir hoy con un torrente de vida que se repite en otras ciudades de Bolivia quizá con algo más de suerte que la Villa Imperial. En las montañas de Potosí ya casi no hay plata, se la llevaron toda, ahora se araña la piedra por un poco de estaño. Y a pesar de que gran parte de su población sigue arrastrando el lastre de una condena impuesta por otros y viviendo de las migajas que dejaron en las viejas minas, la ciudad respira un bullicio de cambio, de renovación. Las nuevas generaciones han elegido formarse y querer un futuro mejor para su país, los que pueden, porque más de 800 niños siguen bajando a encontrarse con el ‘tío’ en los oscuros y húmedos túneles de la montaña.

Potosí a los pies del Cerro Rico @3viajes
Potosí a los pies del Cerro Rico @3viajes

El ‘tío’, un diablo de las profundidades, quizá el único que haya, fue impuesto por los colonizadores y dueños de las minas para controlar y amedrentar a unos obreros-esclavos que extraían ríos de plata a cambio de sus vidas. Como el lado oscuro de la Pachamama, el ‘tío’ de las minas desborda sincretismo cultural y religioso, en el que se mezclan creencias católicas con la veneración de los pueblos indígenas de Bolivia por los elementos naturales.

Con cerca de 200.000 habitantes que sesean las ‘s’ de una manera inconfundible, Potosí sigue encaramada en las alturas, y a la sombra de una montaña que parece derrumbarse sobre ella misma y puede divisarse desde muchas de sus calles coloniales, entre la nostalgia y el abandono.

Esta misma sensación de injusticia histórica se respira desde que ponemos el primer pie en La Casa de la Moneda. Una oda a las toneladas de plata que se extrajeron de las ricas montañas que rodean a Potosí, víctima de su propia riqueza. Fue aquí donde se acuñaron miles de monedas de plata cada vez más perfeccionadas en la industria de la creación del dinero.

Sincretismo cultural y religioso en Potosí @3viajes
Sincretismo cultural y religioso en Potosí

Con 7.570 metros cuadrados y casi 15.000 metros cuadrados construidos, uno se hace una pequeña idea del lujo que paseó las calles de Potosí. El palacio-museo no deja de sorprendernos desde su propia riqueza a algunos de los objetos que se exponen. Soperas, teteras con formas y labrados inverosímiles o ajuares infantiles que nos dan alguna pista para imaginarnos la loca sed de riqueza y ostentación que convivió con una de las historias más tristes y crueles de esclavitud.

Según cifras y testimonios de la época sólo en los primeros 28 años de explotación se testimonia que “el Tesoro de Potosí pasó un balance al Rey de España por el que resultaba que el producto de las minas de plata desde 1545 hasta 1573 había sido de 820.513.893 de duros, cantidad mayor a la que se calculaba que era el caudal metálico circulante en todos los Estados europeos”.

Es en La Casa de la Moneda donde nos sumergimos también en las profundidades del mar, muy lejos de Potosí, pero donde aún se esconden algunos de sus tesoros. El buque hundido Atocha es una de esas historias de cazadores de tesoros que dan para una trama de película. El mayor tesoro jamás encontrado, el pecio más codiciado. Este hermoso galeón de 550 toneladas, apenas llevaba dos años navegando cuando salió en 1622 de La Habana junto a 28 barcos más, cargado con los grandes tesoros de América y rumbo a Europa.

Buque Nuestra Señora de Atocha
Buque Nuestra Señora de Atocha

Entre su valiosa carga, 1.038 lingotes de plata (con un peso de 24 toneladas), 125 discos y barras de oro, 350 cofres de índigo, 525 fardos de tabaco, 1.200 libras de objetos de platería y 180.000 piezas de plata acuñada. Eso decía el manifiesto, por lo que hay que añadirle un buen número de joyas y otros objetos de valor no declarados, lo que era habitual en este tipo de transportes para evitar los impuestos reales.

Unos días después de salir, un huracán alcanzó a la flota y hundió a 8 de las embarcaciones con toda su tripulación y carga. Unas semanas después, otro huracán dispersaba el pecio, cubriéndolo de arena, limo, piedras y algas en el fondo marino, lo que imposibilitaba su rescate.

Rescate del tesoro por el equipo de Mel Fisher
Rescate del tesoro por el equipo de Mel Fisher

El caza tesoros Mel Fisher, obsesionado con encontrar los restos del ‘Nuestra Señora de Atocha’, se arruinó en su empresa, pero finalmente logró encontrar el pecio en 1969. Desde la Casa de La Moneda de Potosí también sueñan con poder mostrar estas valiosas piezas que salieron de las entrañas de su Cerro Rico, pero sólo pueden remitirnos a la historia y alguna fotografía en blanco y negro, porque el tesoro se encuentra en el Mel Fisher Maritime Heritage Society de Florida. Pero tampoco aquí está completo porque en 1988 se subastó parte de las riquezas del Atocha en la sala Christie’s de Nueva York y Fisher asegura que aún queda oro en el fondo del mar.

Al salir de la Casa de la Moneda, el brillo del sol vuelve a cegarnos, si hemos conseguido resistir al relumbrón de la plata. Pero en las calles de Potosí el color es más dorado, nítido, ese tan característico de las grandes alturas, donde parece que el cielo está más cerca.

La vida continúa, el mercado está abarrotado, es hora de comer y hasta las decenas y decenas de oficinas de abogados, ¿porqué hay tantos en Potosí?, han cerrado sus puertas para retomar fuerzas. Al mirar hacia arriba, el Cerro Rico sigue ahí, dominando la ciudad, pero hueco por dentro.

Continúa leyendo la serie 'Viaje a Bolivia'La leyenda del lago Titicaca  

#Bolivia#minas

Escrito por Silvia

Antes viajaba para ver en los demás la parte diferente; ahora viajo para conocer en qué nos parecemos. Javier Reverte. Viajero y escritor
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