Entrevista a Albert Álvarez, director de El Avenida Palace de Barcelona

Entrevista a Albert Álvarez, director de El Avenida Palace de Barcelona

Hace unas semanas tuvimos la oportunidad de entrevistar a Albert Álvarez, General Manager de El Avenida Palace Hotel de Barcelona y un tipo muy afable y cercano. Ya os habíamos contado nuestra experiencia de alojarnos en El Avenida Palace, y aprovechamos la circunstancia para conocer a Albert y aprender más sobre uno de los edificios históricos de Barcelona y cómo se defiende en un sector cada vez más estandarizado.

Cuéntanos un poquito de El Avenida Palace y su historia
Pues ahora mismo estamos hablando en la zona de planta, que es la parte del edificio histórico que era Casa Llibre. Esta planta, que es del arquitecto barcelonés Enric Sagnier y que data del año 1925, puedes ver la majestuosidad que tiene: con esta enorme y preciosa escalera, la decoración de la época, los materiales y acabados fielmente restaurados… Curiosamente, la escalera la adquirió un hotelero parisino en los años 20 para hacer un hotel, y el señor Llibre, propietario del espacio entonces la hizo comprar a Sagnier para traerla aquí; en aquellos años este lugar se componía de una tetería, una bombonería, un salón de té y un poco de aquel glamour de los años 20, de la clase de entonces. En la planta superior había una terraza japonesa, que era una cosa muy exótica en aquella época. En 1950 Casa Llibre fue adquirida por Juan Gaspar Bonet para edificar El Avenida Palace, y decidió levantar las nuevas habitaciones por encima de las plantas originales y transformar este espacio en el lobby del hotel y en los salones de banquetes que tenemos actualmente.

Lo que vemos ahora es una restauración muy laboriosa y cuidada que hemos finalizado hace tan solo unas semanas, con el fin de volver a reforzar la personalidad que siempre ha tenido El Avenida Palace. Con el tiempo y las reformas continuas de modernización del hotel, este espacio se había deteriorado un poco y por eso hemos querido recuperar y preservar los materiales nobles: latón, mármoles, cristales biselados y quitar los elementos más recientes y variados que rompían la armonía del conjunto… Y una vez conseguido esto, aprovechar la potencia que tienen las vistas a la Gran Via, y abrir nuestro espacio a la calle para el disfrute de los barceloneses, que por lo general ven los hoteles como dominios para turistas, y posibilitar que conozcan nuestro espacio y nuestra historia. Nosotros éramos un hotel al que a la gente de la calle le costaba mucho entrar, y hemos pretendido recuperar el hotel para la ciudad en ese sentido.

¿Cuál es el perfil de vuestra clientela?
El 95% de los clientes son turistas, es un hotel que por sus características le gusta mucho a un segmento determinado de visitantes provenientes de países muy concretos: EE.UU, Reino Unido, Francia, Alemania, Israel, también japoneses y chinos últimamente… Los norteamericanos, por ejemplo, suelen ser clientes retirados de unos 55 años que vienen con su familia a disfrutar de la historia y la cultura de Europa, con un cierto comfort. Les gusta mucho estar en un edificio que les cuente algo, que sea un lugar con su propia personalidad: que no sean líneas rectas y mobiliario estandarizado, por decirlo de alguna manera. Un hotel independiente y familiar como El Avenida Palace es un rara avis a todos los niveles en estos tiempos que corren, y eso a la gente le gusta, tenemos muchos clientes repetitivos que vienen año tras año.

Tratamos de huir de los conceptos de estandarización que utilizan muchas cadenas hoteleras, para bien y para mal, y hacemos grandes esfuerzos para que los clientes sientan esa cercanía. Hace 40 años, lo raro eran las cadenas hoteleras: los hoteles tenían sus propietarios, pero no pertenecían a cadenas. Eran establecimientos independientes y gobernados por el dueño del hotel, que además seguramente haría también las veces de director, y esto en el mundo actual existen muy pocos hoteles que todavía funcionan así –mi querido Roger Smith en Nueva York es un ejemplo–. Y estamos convencidos que al cliente le gusta sobre manera cuando ve o trata con el propietario del hotel, porque entre ellos y nosotros transmitimos claramente que el hotel y su experiencia nos importan.

¿Algún huésped ilustre en todo este tiempo?
Desde luego, por ejemplo Ernest Hemingway, Lizza Minnelli o Joan Miró –de este último queda un amigo suyo, un señor que 40 años después sigue alojándose con nosotros (¡supongo que en todo este tiempo se podría haber comprado un apartamento!)–. Pero sin duda nuestros huéspedes más sonados fueron The Beatles en 1965, y conservamos una suite decorada con su iconografía e incluso la réplica de un bajo perteneciente a Paul McCartney.

¿Cuál es vuestro encaje actual en esta Barcelona híper poblada de turistas?
La apuesta ahora es abrirnos al ciudadano, que hasta ahora la verdad es que El Avenida Palace ha sido un hotel muy para sus huéspedes. Y esto era así en los dos sentidos: el ciudadano no hacía por entrar, y nosotros estábamos tan concentrados en los huéspedes que había una cierta desconexión, y eso es lo que estamos trabajando en corregir ahora. Para ello apostamos por la apertura de un restaurante de cocina local abierto a todos los barceloneses –el Beluga–, y en nuestro recién reformado lobby, con estos ventanales que invitan a entrar y ver desde aquí el vaivén de la Gran Via… Vale la pena presenciar lo bonito que es el movimiento desde nuestra sala de planta, en contraste tan tranquila… Y luego está la terraza en lo alto del edificio, subes y estás contemplando toda la ciudad de Barcelona.

Por otra parte, buscamos siempre mantener el contacto directo con nuestros clientes: por ejemplo, insistimos en entregarles y recoger de su mano las llaves de la habitación, interesarnos por saber qué tal han estado con nosotros, y por ello y entre otras cosas no queremos usar tarjetas magnéticas ni otro tipo de automatismos que nos alejen de la corta distancia. Aunque sea por cuidar y mantener la personalidad propia del edificio y una puesta en escena determinada, si se puede decir así; no nos apetece modernizar ciertos aspectos de la experiencia de alojarse en nuestro hotel, no hasta que no nos quede más remedio.

Así que buscamos conjugar estos dos aspectos: que nuestros huéspedes se sigan sintiendo en su casa, pero también invitar al barcelonés a que conozca un edificio que es patrimonio de su ciudad. Un espacio así, hay que verlo.

Mantener una marcada personalidad sin dejar de ser competitivos. ¿Quizá la renovada piscina exterior es una concesión a las tendencias actuales?
Bueno, es posible, a los propietarios del hotel en principio les costó entender el porqué de una piscina, es cierto. Pero lo pensamos mucho y llegamos a la conclusión que nuestros clientes, que permanecen de media dos noches en Barcelona y que se están todo el día fuera del hotel visitando la ciudad, intentando exprimir la experiencia al máximo, para ellos la piscina podría suponer una agradable y relajante pausa a eso de las siete u ocho de la tarde, para luego quizá afrontar la noche de Barcelona con energías renovadas.

La piscina la inauguramos en mayo de 2015, junto con las dos suites, y ahora tenemos un proyecto para agrandar la parte de abajo y abrir un centro de belleza, estética, masaje y un spa. No hemos llegado a tiempo para ofrecer estos nuevos servicios para este verano, pero confiamos que estarán listos para 2018.

Y esta preciosa terraza en el ático abierta al público, ¿sigue la misma filosofía?
Bueno, fíjate que la terraza no la hicimos pensando en el público local, sino de nuevo en nuestra clientela –por esto es que la terraza no es muy grande, aunque tenemos planes de ampliarla–. Ha sido este año cuando también hemos decidido abrirla a los barceloneses siguiendo una fórmula de dos eventos musicales por semana. Pero no nos gustaría morir de éxito, que vengan más de 100 personas y tengamos que limitar el acceso por motivos de seguridad, además hemos de tener en cuenta que el hotel cuenta con 300 huéspedes cualquier día del año y que también han de disfrutar de ella. Entonces, hay un cierto y complicado equilibrio que hemos de conseguir, y para ello iniciamos una fase de experimentación y aprendizaje, así que vamos a ver qué tal nos va en estos primeros meses con esta magnífica terraza abierta a Barcelona.

¿Qué es lo que les gusta de Barcelona a vuestros clientes, qué es lo que la hace irresistible a nivel turístico?
Mira, no me lo han dicho los clientes, pero te lo digo yo (risas). Los clientes vienen a Barcelona por todos sus atractivos turísticos, indudablemente, pero el otro día lo comentábamos en una tertulia con amigos: dime una ciudad del mundo que reúna, digamos, los cinco requisitos perfectos para una actividad turística: el clima, la gastronomía, la cultura, algo deportivo importante y… una vida nocturna atractiva. Entonces, decíamos ciudades del mundo y siempre nos faltaba cubrir algún aspecto. Por ejemplo, a nivel de arquitectura hay muchas ciudades que tienen muchísimo interés, caso de Nueva York, pero no es una arquitectura propia y característica como sucede en Barcelona, con la maravillosa obra de Antonio Gaudí –se da el hecho de que la Sagrada Familia es considerada en una encuesta más importante que la Torre Eiffel, ¡es de locos!–. La gastronomía local también es propia y muy destacada –y que no tienes, por ejemplo, en Londres–. El Barça es más que conocido a nivel mundial… Luego está el clima, que en Barcelona es alucinante durante todo el año, y sólo hay que ver la actividad incesante que hay en sus playas a cualquier hora del día. Tienes grandes ciudades como Roma, con una potencia cultural, histórica y arquitectónica insuperable, también buen tiempo… pero Roma no tiene playa, ni tampoco París. La vida nocturna en Barcelona es muy completa y variada, y además segura… Entonces, te pones a pensar en ciudades en el mundo que cumplan todos estos requisitos y resulta que aquí en Barcelona existe una conjunción alucinante, que se comenzó a gestar tras los Juegos Olímpicos y que no ha parado de completarse desde entonces.

Aunque este enorme éxito turístico ha traído también muchos cambios, y Barcelona parece estar perdiendo parte de su identidad
Yo como ciudadano paseo por la Barceloneta, y claro, veo que con el tiempo ha perdido cosas. Y también están los comercios históricos de Barcelona, posiblemente únicos, que se han ido perdiendo irremediablemente. Yo soy de Poble Sec, un barrio muy normal donde ibas a pasear y veías un montón de bodegas de toda la vida: todo eso ha pasado a la historia, y quizá se tendría que haber cuidado un poco más para conservar una determinada atmósfera que ahora se ha volatilizado. Pero claro, de otro lado el impacto económico es brutal, ¿y cómo pones vallas al monte? Yo he vivido en el Born en el año 1994, y claro, ahora no tiene nada que ver con el actual: entonces no es que me gustara todo, había zonas degradadas, cierto peligro de noche… Entonces no era un barrio muy bonito, pero ahora tampoco lo es: se ha convertido en un parque temático. Pero estamos hablando de un dilema sumamente difícil de resolver, porque o vas a por un modelo de turismo de éxito, o vas a otra cosa, todo no puede ser: y en ambos casos, ganas y pierdes.

Volviendo a El Avenida Palace, ¿qué les dirías a los barceloneses para que se acerquen a conoceros?
Les invitaría a descubrir un edificio histórico de su ciudad, que ha cambiado poquito casi en 100 años. Después, les diría que hay una propuesta gastronómica que está a la altura del edificio –el Beluga–, y por supuesto que tienen que conocer las magníficas vistas de Barcelona que se obtienen desde nuestra terraza: ¡somos tan desconocedores de las vistas de nuestras ciudades!

Muchas gracias Albert.

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Publicado por Manuel Aguilar

"Viajar es uno de los mejores caminos para encontrarse a uno mismo."

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